El Centro Democrático no pasa por su mejor momento y ahora, más que nunca, debe estar concentrándose en la dura batalla política que se avecina y no en discusiones inanes ni persecuciones que generan fricciones y conflictos.

La controversia que generó la “opinión” del denominado Consejo de Ética, disciplina y Transparencia del Centro Democrático en relación con el congresista Edward Rodríguez le presta un muy flaco servicio a un partido que se prepara para designar a su candidato presidencial y a elaborar sus listas al Congreso para las elecciones del año entrante.

Desde hace un par de semanas se fijaron las reglas de juego, las cuales fueron confirmadas en las últimas horas. Será a través de encuestas entre militantes y simpatizantes como se decidirá el nombre del candidato.

Pero en vez de proceder sin sobresaltos, increíblemente algunos miembros del partido han preferido atizar la hoguera innecesariamente. ¿Para qué se prestó el mencionado comité a las pequeñeces que tanto seducen al doctor Rafael Nieto, vetando al precandidato Edward Rodríguez? En la dicha comunicación se lee que “…los miembros del Consejo de Ética unánimemente manifiestan su conformidad para que la dirección del partido otorgue el aval a los precandidatos Óscar Iván Zuluaga, Paloma Valencia, María Fernanda Cabal, Rafael Nieto y Alirio Barrera”, sacando de tajo a Rodríguez y sin explicar de manera directa el porqué de su determinación.

Era de esperar que el excluido reaccionara señalando a Nieto de ser el urdidor de la conjura en su contra y haciendo sindicaciones que, por su gravedad, deben ser aclaradas en el término de la distancia. Rodríguez aseguró que, en 2018, Óscar Iván Zuluaga no pudo ser candidato como consecuencia de un rumor difundido por Nieto en el sentido de que supuestamente él, Zuluaga, iba a ser capturado por el FBI como consecuencia del caso Odebrecht. Igualmente, acusó a Nieto de haber recibido interceptaciones ilegales contra ciudadanos. Son dos sindicaciones extremadamente graves que merecen ser totalmente aclaradas.

Una vez supo del veto en su contra, Rodríguez le remitió una carta al presidente Uribe en la que reclama explicaciones alegando que “…resulta esencial, por ni nombre, la seguridad jurídica de los procesos y mis derechos a la honra y buen nombre, debido proceso, defensa, principio de legalidad conocer la ruta de acción con los hechos que se presentan”. Igualmente expresó: “…le solicito a usted como presidente fundador y presidente de la convención nacional aclare esta situación, que lejos de tener sustento jurídico parece dirigido a sacar mi nombre de la baraja electoral por chismes, y eso presidente, la posibilidad de elegir, le corresponde exclusivamente a los ciudadanos que nos dan o no el voto. Las opiniones subjetivas de cinco miembros del comité de ética no pueden limitar el derecho a elegir y ser elegido. Porque considero incoherente que para ser representante a la cámara y encabezar la lista en el 2018, sí tenía las aptitudes de representación, pero para la elección presidencial no…”.

Al margen de la confrontación entre Nieto y Rodríguez, muchos uribistas se preguntan con qué propósito las directivas del partido generan una tensión innecesaria vetando a un precandidato, cuando todos deberían estar pensando en los asuntos fundamentales de la campaña.

Lo cierto es que, de cara al país y por cuenta de lo que muchos llaman “la pataleta” de Rafael Nieto Loaiza -cuyas posibilidades de alzarse con la nominación son remotas como consecuencia de la irrupción de María Fernanda Cabal en la competencia- el Centro Democrático está dando un espectáculo lamentable.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 24 de 2021