La política exterior de Colombia históricamente no ha sido el aspecto más relevante dentro de la agenda nacional. Salvo contadas excepciones, como la negociación del Plan Colombia o un par de TLC -que se ubican más en la órbita comercial-, el País no ha sido un referente de diplomacia efectiva a nivel regional.

Ese papel se lo han llevado otras naciones que evidentemente no han tenido los innumerables problemas de violencia y orden público que ha vivido Colombia, los cuales indudablemente han llevado los esfuerzos institucionales a concentrarse en estos aspectos y no en un despliegue internacional articulado.

Sin emargo, la llegada de este Gobierno y, en especial, del Canciller Carlos Holmes marca un hito determinante que sin lugar a duda será recordado en la historia como un punto de quiebre en el manejo internacional de nuestra Nación.

Su experiencia, capacidad y talante democrático han sido factores determinantes para ejecutar un despliegue diplomático que desde el pasado 10 de enero no solamente ha logrado exponer las barbaridades del régimen de Maduro ante la comunidad internacional, sino que ha permitido poner contra las cuerdas a un dictador que hasta hace unos pocos meses hacía lo que queria sin que mayor cosa pasara.

Esta realidad, que muchos califican erroneamente como una interferencia indebida de Colombia en asuntos de otros países, entiende que la única forma de recuperar la balanza comercial con Venezuela, frenar la desbordada migración al País y desmantelar el paraiso criminal en donde el ELN y las “disidencias” han centrado sus operaciones, es la caida del despota que se apropioó ilegitimamente de Miraflores.

Este accionar dista notablemente del letargo complice al que nos tenía acostumbrado la anterior administración. Por ejemplo, recuerdo cómo desde la Cámara cité a debates en innumerables ocasiones a la entonces Ministra Holguin para que le explicara al País cómo se estaba preparando Colombia para la crisis migratoria que se veía venir, sin que las respuestas desde el Gobierno fueran diferentes a expresiones estéticamente bien articuladas y llenas de sutilezas, pero con poca o nula acción.

Contrario a ello, el accionar de esta administración ha puesto a Colombia en el mapa como el País que lidera la recuperación de la libertad en el vecino País y que con medidas contundentes logrará devolver la estabilidad que tanto necesita el vecindario.

Tener a Carlos Holmes como Canciller es un lujo para este Gobierno y para la ciudadanía, que reconoce su incansable labor al catalogarlo como el mejor Ministro y, entre diálogos cordiales e informales, se entusiasma con la posibilidad de verlo como el siguiente residente de la Casa de Nariño.

@Tatacabello

Publicado: marzo 1 de 2019