De prosperar la revocatoria del mandato de Peñalosa, se abrirán las puertas para que Gustavo Petro sea presidente de Colombia.

Arranca el año con la noticia de la inscripción de un comité que pretende revocar el mandato del alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa. Como era de suponer, los promotores de la iniciativa son unos furiosos militantes de la izquierda más radical, esa misma que acompañó ciegamente a los gobiernos que durante 12 años destruyeron y saquearon a la capital colombiana.

El intento de revocatoria de Enrique Peñalosa está motivado por el odio, por la lucha de clases que tanto promueve el exalcalde Gustavo Petro, uno de los más interesados en tumbar al actual mandatario bogotano.

La iniciativa que ha empezado a moverse en los primeros días del año se convertirá en un desafío de colosal magnitud. No se trata de simplemente de impedir que un sector político afecto a Petro tumbe a Peñalosa. La tarea es aún más relevante: evitar que ese sector gane para seguir haciendo daño en Bogotá y en el resto de Colombia. De prosperar la revocatoria del mandato de Enrique Peñalosa, Petro tendrá a su haber una importante victoria que será utilizada como viento de cola para promover su candidatura presidencial en 2018.

Es así de sencillo: sacar a Peñalosa del Palacio Liévano, significará impulsar a Petro a la Casa de Nariño.

Enrique Peñalosa es un pésimo político, tiene problemas gravísimos en materia de comunicación. No es un hombre carismático. La arrogancia se ha convertido en el más pesado lastre de su carrera política. Reúne todos los méritos para ocupar los más altos cargos de la democracia colombiana, pero su estilo personal se ha encargado de impedírselo.

Nada de ello desdibuja que Peñalosa sea, sin espacio para las dudas, un inmejorable administrador público, un hombre que tiene claro cuál debe ser el destino de una ciudad como Bogotá.

Petro tomó a la capital colombiana para experimentar su modelo de gobierno de corte chavista y las consecuencias saltan a los ojos de todos. Lo que se presentó como una política “humana”, en la práctica fue un ejercicio de poder despótico, confrontacional y abiertamente antidemocrático. El odio y la lucha de clases fueron la constante en durante los 4 años de Petro al frente de los destinos bogotanos.

Fue un alcalde que desconoció la ley de manera arbitraria y cuando los organismos de control intentaron cumplir con su función para ponerle cortapisas a sus desmanes, recurrió al discurso de la “persecución política” para pasarse por la faja las decisiones tanto de la procuraduría como de la contraloría.

Y como bien dijo recientemente Peñalosa, durante la alcaldía de Petro la ciudad estaba totalmente desordenada. Se crearon miles de contratos de prestación de servicios en los que los beneficiarios de los mismos sólo tenían una función: pasar a cobrar el cheque de sus honorarios.

Es posible que a Enrique Peñalosa le tenga sin cuidado el proceso revocatorio en su contra. Su altivez y soberbia le impiden ver el panorama completo de lo que está en juego. Una victoria de Petro y sus aliados en este intento de tumbar al alcalde de la capital tendrá repercusiones nefastas y pavimentará la vía para que Petro se quede con el premio mayor: Colombia.

@IrreverentesCol

 Publicado: enero 3 de 2017