A lo largo de nuestra historia republicana, se han presentado ejemplos de oposiciones férreas que han llevado a los gobiernos de turno a salir del poder, a través de las vías institucionales. 

El caso más interesante de estudio, sobre la eficacia del ejercicio de la oposición, se presentó con ocasión del segundo mandato de Alfonso López Pumarejo, entre 1942 y 1946. 

Era el cuarto gobierno de la denominada República Liberal, instaurada en 1930, cuando Enrique Olaya Herrera ganó las elecciones presidenciales, con las que le puso punto final a la Hegemonía Conservadora.

Posesionado López Pumarejo, el jefe del conservatismo y, en consecuencia, líder de la oposición, Laureano Gómez ratificó la decisión de su partido de continuar ejerciendo una firme e implacable oposición. 

Con la consigna de que había que hacer “invivible a la República” -en referencia a la República Liberal-, el conservatismo se plantó como un muro de contención que impidió que el gobierno de López Pumarejo se saliera con la suya, concretamente respecto de sensibles escándalos de corrupción en los que estaba involucrado el hijo mayor del mandatario. 

A los hechos de corrupción que salpicaban a Alfonso López Michelsen, se sumó el asesinato del exboxeador Francisco Pérez, conocido con el apodo de Mamatoco.

Mamatoco, que luego de finalizar sus carrera deportiva, colaboraba en un periódico denominado “La voz del pueblo”, denunció con toda suerte de detalles hechos de corrupción, particularmente los negocios ilegales en los que participaba López Michelsen.

La tarde del 14 de julio de 1943, Mamatoco, fue asesinado en un parque bogotano.

El crimen, que caminaba aceleradamente hacia la impunidad, fue esclarecido por los agudos periodistas del diario El Siglo -dirigido por Laureano Gómez-. Se logró establecer que Mamatoco fue asesinado por un teniente y dos agentes de la policía, que seguían órdenes de un mayor de esa institución. 

La corrupción estimulada desde el propio despacho del presidente López y el asesinato del púgil, aceleraron la caída de ese gobierno. 

75 años después, los enemigos del presidente Duque, buscan arrinconar a su gobierno, para efectos de llevarlo a un punto de no retorno. La diferencia, es que los opositores al régimen de López Pumarejo tenían razones válidas para “hacer invivible a la República liberal”, mientras que los contradictores de Duque están movidos por el odio y la sed de venganza.

Gustavo Petro, desde el mismo instante en que se confirmó su derrota en la segunda vuelta del 17 de junio del año pasado, anunció que movilizaría a sus agresivos seguidores para impedir el desarrollo sosegado del gobierno liderado por la persona que lo derrotó en las urnas. 

Contra Duque, se han unido todos los sectores oscuros de nuestra sociedad. A la gavilla de Petro, se suman otros elementos, como los antiguos conmilitones de Juan Manuel Santos. 

Harta razón le asiste a Andrés Pastrana, quien aseveró en una carta remitida al presidente Duque que “en Colombia se protesta hoy contra todo, menos contra lo esencial. El narcotráfico está presente en la violencia contra líderes sociales, en la corrupción de la política y la sociedad, en la destrucción masiva del medio ambiente, en la crisis de la salud y de la familia por la epidémica drogadicción de los jóvenes y sus trágicas consecuencias”. 

Sobre las presiones y chantajes al gobierno, el expresidente Pastrana aseguró que “esos mismos corruptos que amparan al narcotráfico tienen la desfachatez de exigirle, señor Presidente, cogobernar a Colombia. A usted, quien por contraste tiene las manos y la conciencia limpias. Eso les duele. No se deje intimidar, señor Presidente de la República de Colombia, por la extorsión y el chantaje de los que quieren darle un zarpazo a lo que el pueblo colombiano les negó repetidamente en las urnas”.

Cuando se habla de que hay sectores interesados en tumbar al gobierno, no se trata de plantear un golpe de Estado con uso de armas. Eso es descabellado. Pero sí es evidente el interés que mueve a ciertos sectores políticos -en los que hay representantes de la extrema izquierda y, quién fuera a creerlo, de la extrema derecha-, de asfixiar al presidente, con el propósito de obligarlo a dar un paso al costado. 

Iván Duque fue elegido por más de 10.3 millones de colombianos. Y ese resultado debe defenderse a capa y espada. La situación del presidente de la República, no se compadece en absoluto con la que vivió López Pumarejo. Aquel régimen liberal estuvo signado por la corrupción y el crimen, mientras que el gobierno actual ha sido un abanderado en la lucha contra todos los vicios de la política, esos mismos que estimulan agresivamente los sectores más sucios e ilegales de nuestra sociedad.

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 3 de 2019