Los éxitos de su administración y la torpeza revanchista de los demócratas mantienen más que vivas las proyecciones de Trump para 2024. Lejos de afectar su imagen, el fracaso del nuevo impeachment lo terminará fortaleciendo como la imagen visible de la oposición de cara a las próximas elecciones, donde no se avizora un contendor de peso al interior del partido.

Ningún otro Presidente afrontó dos intentos de destitución. La sevicia con que el establecimiento intentó sacarlo del camino contrastó con la falta de pruebas y de competencia en que se desarrollaron los procesos. Una muestra clara de cómo se acude fallidamente a los mecanismos constitucionales para obtener victorias políticas.

De hecho, al no detener el impeachment el Presidente Biden desaprovechó una oportunidad de oro para enviar un mensaje de unión a la Nación en el comienzo de su Gobierno. Y de paso, los demócratas asumieron una nueva derrota que los desgasta electoralmente, mina su credibilidad y que muy probablemente tendrá consecuencias en las elecciones de mitad de mandato.

Lógicamente, tras su absolución Trump salió fortalecido y ahora tendrá como primer objetivo recuperar el control republicano de la Cámara el próximo año. Realidad para nada extraña, toda vez que quiéranlo o no se convirtió en el líder natural del partido.

Tan es así, que desde Ronald Reagan el conservatismo americano no veía un caudillismo tan sólido: el impacto de los Bush no perduró más allá de sus administraciones y los liderazgos nacionales de Bob Dole, John McCain y Mitt Romney se desvanecieron tras sus derrotas electorales, situación que no parece sucederle a Trump, quien no solamente tuvo una aprobación al interior del partido superior al 90% durante su Gobierno, sino que goza del apoyo del 75% de los republicanos que acompañarían su candidatura en 2024.

Esto no es para nada extraño. Él logró conectarse con la base americana a través de un discurso sencillo y coloquial que manifestaba en público aquellas posturas políticamente incorrectas que se piensan en privado. Algo que pareciera tan elemental, pero que termina consolidando mayorías silenciosas. Un éxito de la comunicación política.

Además, de cara a una futura campaña Trump tiene el respaldo de haber disminuido la tasa de desempleo al 3.5% -la cifra más baja en 50 años- y logrado un crecimiento del 67% en la bolsa hasta llegar a máximos históricos, todo gracias a la reducción de impuestos y la política de desregulación que implementó. Asimismo, fue el primer Presidente en más de 30 años que no inició una intervención militar en el exterior, al tiempo que, por un lado, neutralizó al Estado Islámico con un cambio de estrategia que empoderó y otorgó mayor autonomía a las tropas en terreno y, por otro lado, construyó un acuerdo de paz entre Israel, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán.

En otras palabras, hay Trump para rato, más aún cuando el margen con que perdió Arizona, Georgia y Pennsylvania osciló entre 0.3% y 1.2%. Es decir, fueron resultados extremadamente apretados que dejan el panorama abierto para el 2024.

Difícilmente la minoría anti-Trump dentro del partido republicano tenga la fuerza para derrotar a un candidato que obtuvo más de 75 millones de votos. Eso sí, la retoma del poder no será fácil. A la abierta confrontación con los medios se sumaron los gigantes tecnológicos, quienes quieren silenciarlo. Sin embargo, en campaña todo cambia y no es nada extraño que The Donald vuelva a la Casa Blanca en cuatro años.

@LuisFerCruz12

Publicado: febrero 17 de 2021