Últimamente se ha reforzado la indignación ciudadana ante las Farc y sus supuestas “disidencias”, que sin ninguna vergüenza han protagonizado dos escándalos que no sólo involucran a Colombia, sino otros países. El primero de ellos tiene que ver con la captura de Jesús Santrich tras conocerse que hacia parte de un complot para enviar droga a los EE.UU. El segundo fue producto del asesinato de tres periodistas ecuatorianos a manos de alias “Guacho” en nuestro territorio.

Hechos lamentables que ponen en cuestión la legitimidad de los acuerdos de La Habana, el ahora partido político de las Farc y el Gobierno Santos; tres piezas sin las cuales es imposible entender el denominado “postconflicto”, que desde 2016 no ha hecho más que trasladar la violencia del campo a las ciudades: fortaleciendo las redes microtráfico, incrementando los homicidios y aumentando el número de armas ilícitas en toda Colombia.

Todavía está en la memoria de muchos la imagen del Presidente dándole la mano a Timochenko en Cartagena y anunciando una nueva era de paz en la que los colombianos dirían adiós a la guerra y la bienvenida a un sin fin de oportunidades que no llegaron, sino que, por el contrario, se están robando los fondos que la Nación destinó para la implementación de los acuerdos, la justicia especial para la paz, la desmovilización y la reparación de víctimas.

Da pena el cómo le vendieron al mundo un proceso de paz que nació muerto, desaprobado por mayorías que dijimos NO durante el Plebiscito y en el que jefes negociadores de la ex guerrilla son pescados conversando con el Cartel de Sinaloa pese a sus compromisos de no “repetición”.

Es claro que Iván Márquez en lugar de estar justificando a Santrich y exigiendo su libertad, debería estar lamentando el actuar de su “camarada” y aportando pruebas que permitan su rápida extradición y la pronta captura de “Guacho” por los crímenes cometidos en la frontera. Reconforta saber que su sobrino parece más sensato y estaría dispuesto a testificar contra el autor del célebre “quizás, quizás, quizás” que tanto indignó en su momento.

No hay duda de que las Farc y el Presidente Santos traicionaron a la patria, la confianza de los colombianos y faltaron a la verdad. Tenemos mucho que aprender de los vecinos ecuatorianos, que no tardaron en exigir justicia ante el asesinato de sus periodistas y cuyo Presidente Moreno ORDENÓ –sin dudarlo-, capturar vivo o muerto al disidente fariano.

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@ChriGarces

Publicado: abril 18 de 2018