El uribismo necesita ganar las elecciones de 2018. Flaco servicio están prestando quienes promueven la guerra al interior del CD.

El presidente Uribe, bien podría estar retirado, disfrutando del merecido retiro y concentrado en su asuntos familiares, pero como siempre, antepuso los intereses del país, dejando de lado los suyos.

Salió de la presidencia en 2010 y tan se registraron los primeros síntomas del desgobierno de Juan Manuel Santos, empezó a forjar el movimiento que desembocó en lo que hoy es el Centro Democrático.

A pesar de haber alcanzado la mayor dignidad que otorga nuestra democracia, Uribe comenzó a hacer campaña desde ceros. Sin estructura partidista, rodeado por personas de muy buena voluntad, pero sin mayor trayectoria electoral, le dio la vuelta a Colombia recogiendo firmas para crear lo que hoy es el CD.

Con el gobierno persiguiéndolo, sin maquinaria política, con buena parte de los medios de comunicación en contra, logró posicionar al Centro Democrático como la fuerza política que hoy es. Literalmente, se echó al hombro las listas al Congreso que presentó en las elecciones de 2014 y logró hacerse a 20 curules en el senado y 19 en la cámara de Representantes.

En las presidenciales, a pesar de las evidentes falencias del candidato que se presentó por el uribismo, gracias al trabajo proselitista de Uribe, se ganó la primera vuelta en 2014.

De cara a las elecciones de 2018, está repitiendo el ejercicio. Esta vez, empezó por la promoción de sus precandidatos presidenciales.

Muchos consideran que Álvaro Uribe no tiene por qué estar, a estas alturas de su vida, recorriendo el país e impulsando a los 5 precandidatos de su partidos, todos ellos personas maravillosas, pero sin mayor reconocimiento nacional, hecho que se refleja en las encuestas nacionales en las que al que mejor le va, escasamente llega al 1% de intención de voto.

Pero Uribe hace oídos sordos ante aquellos conceptos y ha asumido esta campaña con la misma intensidad que le asignó a todas aquellas en las que sometió su nombre a consideración de los electores.

Por eso, resulta desconcertante que personas que fungen como “directivos” del partido, individuos sin ninguna trayectoria en la política electoral, en vez de ayudar al esfuerzo colectivo que lidera el expresidente Uribe, desde la comodidad de sus casas se den a la tarea innoble de lanzarle toda suerte de torpedosal proceso preelectoral que está adelantando el Centro Democrático.

Es perfectamente natural que en la carrera por la designación del candidato presidencial de un partido, las bases del mismo expresen simpatías por uno u otro aspirante. No todos tienen las mismas calidades; seguramente algunos sumaron su nombre a la lista para hacerse notar, pues cualquier persona con un mínimo de sentido común concluirá que no tienen la más remota posibilidad de quedarse con la candidatura, por sus propias limitaciones electorales.

Pero aquello no puede convertirse en una licencia para insultar, descalificar o “expulsar” del partido a quien no goza de la simpatía de quien funge inmerecidamente como “dirigente” de la colectividad. Primero, porque esa no es la forma inteligente de fortalecer un partido político y, segundo, porque ese tipo de descalificaciones generan laceraciones que en vez de ayudar a la unidad, profundizan las divisiones.

Cuesta entender que por un lado el presidente Uribe se emplee a fondo para ganar las elecciones de 2018, manteniendo los equilibrios al interior de su partido, administrando las controversias propias de una colectividad democrática y por el otro, personas que fungen como aliados suyos, tramiten sus odios, frustraciones y resentimientos fustigando el proceso que se adelanta con tantas dificultades. El uribismo necesita ganar las elecciones y muy flaco servicio le prestan a esa causa aquellos que en vez de ayudar de empujar el carruaje, hacen las veces de peso muerto.

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 28 de 2017