Escribo esta columna con todo el dolor de mi alma y lleno de frustración, pero con la esperanza en Dios de que Él nos tiene preparado un mejor mañana. Que Córdoba va ser redimida y que la gente buena de esta tierra va a disfrutar de un mejor porvenir.
 
Todos los escándalos de corrupción que agobian a este Departamento agotan los argumentos para una contundente defensa. Es como si esta sociedad ya disfrutara de todos estos escándalos y los viera con una enfermiza naturalidad que llena de escalofrío.
 
Es como si estuviéramos en una cafetería y en la puerta asesinan a una persona de varios tiros. Los clientes salen, miran, se regresan a la cafetería y le piden al mesero que les caliente el tinto para seguir la conversación, como si nada hubiese pasado. Cuando uno actúa así, uno está igual de enfermo que el sicario que pegó los tiros.
 
Nadie condena los abominables actos de corrupción que nos están destruyendo. ¡Ni siquiera el Obispo! (A todas estas ¿en Montería existe Obispo?). Y menos lo hacen los Pastores de otras religiones. Aquí se persigue y se le cierran las puertas es a quien escriba o hable de estos temas. ¿Qué nos está pasando? No lo niego, muchas veces le he dicho a mi esposa en privado, que ya yo estoy casi convencido de que el que está mal, soy yo. Y que por eso no quiero seguir ejerciendo el periodismo.
 
Me dejó anonadado esta semana, conocer que un sicario acusa a Pedro Pestana de ordenar asesinatos y de echar los muertos al mar. Personaje este, Pestana, no el sicario, que amparado en una etnia ha hecho lo que le ha dado, permítanme una castiza palabra, la puta gana. Y todos los políticos le rinden pleitesía. Desfilaban por su resguardo para arrodillársele por los votos de los indios. Lo mismo que las autoridades, que jamás se atrevieron a cumplir con su deber.
 
Todo mundo sabía, menos las autoridades, por ejemplo, que desde el 2014 Montes Quality Groupe audita de manera externa a Manexka EPS, quien triplicó los costos de facturación por servicios de auditoría.
 
Y, coincidencialmente, los propietarios de esta empresa auditora son cercanísimos de Pestana y Reginaldo Montes. Este último jugó papel fundamental en la campaña de la senadora Yamina Pestana. Personas cercanas a esta empresa auditora afirman que las representantes legales son Claudia Montes Castro e Isabel Montes Castro.
 
Pero todo no llega hasta allí, sino que va más allá. Jesús María España, quien fuera funcionario de la Comisión Séptima del Congreso (la encargada de la salud) tiene a su hija, María Claudia España, como asesora en la Supersalud. Y era ella quien presuntamente armaba las comisiones de los funcionarios que le hacían supervisión a Manexka EPS. Por supuesto que jamás se iban a ver reflejadas las presuntas irregularidades de la tan ‘elogida’ Manexka EPS.
 
Pero como Pestana “la tenía y la soltaba” no había que condenarlo por eso, sino elogiarlo. Además que ya era todo un Frankenstein, solo hacía falta que pasara un tiempo, para que hiciera lo que todo Frankenstein hace… matar a quienes lo engendraron. Ahora esos engendradores salen a mostrarse como víctimas, cuando de eso no tienen nada, son tan victimarios como aquel.
 
Con todo lo que se conoce de corrupción en Córdoba, sinceramente, yo no sé por qué se la tienen montada a los Úsuga. Estos manes, tienen que aguantarse sus mojoseras y arrancones de las autoridades para sacar y coronar un embarque de cocaína. Pero en Montería ser corrupto no te saca ni una gota de sudor ni te altera o te despierta miedo. Como dicen en Repelón, Atlántico, esos manes [los corruptos de Córdoba] son sin agüero.
 
Pero sí quiero dejar en claro que en Córdoba sí hay una generación trabajadora y honesta, que ha convencido a sus padres a que hay que invertir y crecer financieramente. Lo obsceno, es lo que se ve con lo público, en donde todo mundo cree que asaltarse al Estado es un acto heroico.
 
Me guste o nos guste o no, viene un proceso de paz, en donde los que están ganando van abanderarse del problema de la corrupción, y eso sí que da respaldo. No se extrañen entonces, cuando vean a comunidades respaldando lo que haga esa gente cuando ataquen a la corrupción. Muchos acá querrán decir que ellos pensaban así, pero será demasiado tarde.
 
Lo reitero, esto no se trata de discursos moralistas ni de ser el santurrón del momento. Se trata de decencia, honestidad y respeto.
 
También viene algo que se llama posconflicto, nos guste o no, y que yo creo que debe, o va a ser dirigido, a una nueva generación. ¿Y qué le vamos a proponer? ¿Qué ser rata paga? ¿Qué asaltarse al Estado paga? ¿Qué robarse la salud es una manera digna de vivir y de enriquecerse de la noche a la mañana? Aquí otra acotación, que hay mucha gente seria y honesta en este sector, eso es cierto. Entonces no se escamen ni se ‘chanten’ este guante.
 
Si la justicia se acabó en Córdoba o en Colombia, que al menos el reproche social, no. No podemos seguir festejándole a los que se roban al Estado sus éxitos financieros. 
 
Entonces, ¿qué le vamos a enseñar a nuestros hijos? La regla de moda de hoy en día que reza: “No te dejes coger”. Y otra más perversa: “No olvides guardar de cada tumbe un porcentaje para el abogado, fiscal, funcionario de la policía judicial y para el juez, y si se va lejos, para el magistrado”. U otra bien añeja: “El mundo es para los vivos”.
 
Yo me críe en una Montería que jamás pensó ni era así. Era una Montería llena de calidez, respeto y honesto trabajo. Que reprochaba lo malo, pero que sabía perdonar y dar nuevas oportunidades.
 
Pero hoy los referentes para todos nuestros jóvenes es que al bandido en esta ciudad y departamento lo veneran. Puede hacer o decir lo que le venga en gana, pero el viernes está en el restaurante o en el club recibiendo elogios. Les pongo un ejemplo indignante, y a las víctimas les pido disculpas por usarlo. Un despreciable sujeto de Lorica ha ventilado por redes sociales su desprecio por su hijo y sobrino. Al punto que un día escribió que “fue fruto de una noche de alcohol y drogas”. Al sobrino lo insultaba deshonrando el nombre de su fallecida madre. Pero goza del aprecio y respeto de toda la sociedad cordobesa y monteriana. Sus seguidoras y seguidores aumentan. Además, que como es el asesor y lleva y trae de Álvaro Uribe Vélez lo admiran.
 
Cuando una sociedad no se indigna siquiera con estas acciones, es una sociedad enferma. Porque la inacción o el mirar para otro lado o el eso no es conmigo, nos vuelve tan cómplices del bandido, sin quererlo. Y no hay nada que nos mate más el sentimiento de la solidaridad, que el no importarnos los demás y lo que nos rodea.
 
Miren qué situación tan curiosa. Hay personas en Córdoba que las Farc no les han hecho nada y las odian; pero gente que vive cerca a nosotros, que maneja redes de corrupción o que humillan por redes sociales, a estas las admiran y respetan. Cuando la corrupción es peor que la guerrilla. Y la insolidaridad es el peor de los sentimientos que un humano puede tener.
 
Esto no se trata de odiar a nadie ni despreciar a nadie. Se trata de respeto, de decencia, de solidaridad y de darle el lugar que cada quien se merece y busca. Se trata de saber separar el trigo de la paja. Podemos vivir en esta misma ciudad, pero no estar en mismo costal de los malos.
 
Y por último, un ruego a todos los alcaldes. No se dejen extorsionar. No paguen para que hablen bien de ustedes o para que no los ataquen. Dejen que sus obras hablen por ustedes, y eso sí, todo lo bueno que hagan muéstrenlo.
@tonsanjr