No hay que llamarse a engaños: Petro y sus secuaces de la extrema izquierda, no tienen preocupación alguna por los supuestos motivos sociales que estimularon las protestas que se vienen registrando en nuestro país.

Esa gente va por la cabeza del presidente de la República. Es claro que nuestro sólido modelo republicano no abre la puerta para descabelladas aventuras golpistas. Mucho menos, nuestras Fuerzas Militares, de gran tradición democrática, se van a prestar para coadyuvar una salida violenta y por fuera de la ley, del primer mandatario de los colombianos. 

Pero el plan de Petro es otro: generar un caos de gran magnitud que desemboque en el fenecimiento del gobierno que eligieron más de 10 millones y medio de colombianos, en junio del año pasado.

En las democracias, los ciudadanos hablan y se expresan, cuando concurren a las urnas. Fue en ellas, donde la mayoría resolvió que el mandatario de nuestro país, debía ser el doctor Iván Duque. Y ese veredicto, legítimo, transparente y, sobre todo, amplísimo, tiene que ser respetado y defendido no solo por sus electores, sino por todos los adalides del régimen de libertades que impera en Colombia. 

Respaldar y rodear al presidente Duque, símbolo de la unidad y de la estabilidad nacional, significa proteger a todo el Estado colombiano, brutalmente amenazado por los alevosos manifestantes que han hecho todos los esfuerzos posibles por emular la tragedia chilena en nuestro territorio nacional.

Las circunstancias, ameritan un comportamiento generoso y patriótico de parte de todos los sectores políticos que no comulgan con la bandola que intenta destrozar a Colombia. El presidente Duque, ha anunciado que iniciará una conversación política en las próximas horas, lo cual es muy importante, pues aquello permite identificar las alternativas viables, para superar la crisis que hoy nos agobia. 

Se da por descontado que, en esa serie de reuniones, todos tendrán espacio, con excepción de Gustavo Petro y sus conmilitones. Sería inaceptable que ese sujeto, que desde su lujosa mansión en las afueras de Bogotá se ha encargado de envenenar a los colombianos, repartiendo consignas de “guerra” a través de su cuenta de Twitter, tenga espacio alguno. 

Llegó la hora de entrar de lleno a la política y ese mensaje también deberían comprenderlo los ministros del presidente de la República. Con poquísimas excepciones -como Carlos Holmes Trujillo, Alicia Arango y María Victoria Angulo-, el grueso del gabinete ha observado un comportamiento deplorable en estos días de dificultad.

Resulta inaceptable que no se hayan volcado a las calles, medios de comunicación y demás espacios ciudadanos a defender la obra de gobierno, a explicar los importantes avances en materia social que se han registrado en los últimos 15 meses y a desmentir con ardentía a los villanos que, a punta de mentiras, enervaron los ánimos de los manifestantes. 

¿Dónde están la ministra y el viceministro de Cultura exponiendo las bondades de la economía naranja, modelo que beneficia, sobre todo, a los jóvenes emprendedores? ¿Y el ministro de Hacienda, será que puede dejar su arrogancia por unos minutos, para contarle al país cómo se amplió el presupuesto para proyectos sociales y mostrar la reducción de más de $3 billones de pesos en los gastos de funcionamiento y publicidad, dinero que Santos utilizó para convertir en “mermelada”? Y la señora que funge como ministra de Minas, podría sorprender al país, revelando los detalles de la reactivación de la industria de los hidrocarburos, sector que aportará buena parte de los recursos que necesita el tesoro público, para financiar los proyectos contemplados en el plan de desarrollo. 

De la ministra del Interior, no hay mucho por decir. Esa funcionaria, ha llegado al punto máximo de su incompetencia. 

He aquí el dilema: o son ellos -los que buscan hacer añicos a nuestra democracia-, o somos nosotros, los defensores de la libertad.

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 25 de 2019