Colombia perdió su condición de país líder en la lucha contra el narcotráfico, quedó excluida del famoso triángulo de poder. 

“You have a very big problem with drugs”, fueron las palabras escogidas por el presidente Donald J. Trump para saludar a Juan Manuel Santos, delante de los medios de comunicación presentes en la Oficina Oval que cubrían la visita del mandatario colombiano a su homólogo estadounidense.

Terminaron los tiempos de los saludos protocolarios, infestados de palabras glamurosas y palmaditas en la espalda; quedaron atrás los aplausos vacíos y los gestos amables de Barack Obama, Hillary Rodham Clinton y John Kerry. A partir de este momento, no hay lugar para las declaraciones pomposas ni para las alabanzas inmerecidas, a pesar de los “logros” diplomáticos alcanzados por ese “Nobel de paz” que adora los flashes y las portadas de revista por encima de cualquier otra cosa. (Santos debería leerse las Letanías de la humildad, escritas por el cardenal Merry del Val).

En la era Trump lo que vale son los resultados palpables, no las buenas intenciones ni los discursos bonitos. Por eso, el balance de esta importante visita no ha tenido ningún eco en los medios colombianos oficialistas, ni en los noticieros que defienden los intereses de las Farc.

Obvio: no pueden publicar que al presidente de Colombia le refregaron en la cara las 710 toneladas métricas de cocaína que han invadido las calles de los Estados Unidos en sólo el último año, impulsando exponencialmente el consumo de esa droga maldita en amplios sectores de la población estadounidense; asunto que además, genera serios problemas de seguridad para los Estados Unidos dentro de su propio territorio.

Y mucho menos van a escribir sobre la preocupación del gobierno norteamericano ante el crecimiento desproporcionado de la siembra de cultivos de coca en suelo colombiano, los cuales alcanzaron la escandalosa cifra de 188 mil hectáreas en sólo el 2016, a pesar de la ayuda económica proporcionada por la administración federal para erradicar dichos cultivos. La administración Trump no se anda con bobadas: el narcotráfico es la prioridad absoluta en la nueva agenda binacional. (No debió ser un buen día para Santos, y mucho menos para las FARC. Por eso, apenas concluyó su visita a la Casa Blanca, lo primero que hizo el presidente colombiano fue llamar a alias “Timochenko”, para rendirle cuentas de lo sucedido: ¡qué susto!).

En la rueda de prensa conjunta, Trump fijó el nuevo rumbo de las relaciones de su país con Colombia, habló sobre el muro en la frontera con México, ofreció palabras que expresan su interés respecto a la situación venezolana, y dejó ver que tiene perfecto conocimiento de los vínculos del gobierno de Maduro con la narco-guerrilla de las Farc, quienes pretenden consolidar su objetivo de convertir a Colombia en un eslabón más de la cadena miserable que respalda el mafioso Foro de Sao Paulo, organización que será desenmascarada en menos de lo que canta un gallo, si analizamos las declaraciones de varios congresistas americanos especializados en la problemática latinoamericana. (Recordemos que los responsables en asuntos hemisféricos del FBI y la CIA están siendo permanentemente citados por las comisiones vinculadas con las relaciones de Washington con nuestra región, y tanto las Farc como sus aliados políticos continentales saben que, como se dice popularmente, se les incendió el rancho).

Vamos a sentir el coletazo: Colombia perdió su condición de país líder en la lucha contra el narcotráfico, y al recuperar su puesto como mayor productor de cocaína del mundo, quedó excluida del famoso triángulo de poder que siempre se ha manejado desde la tierra del tío Sam. Ahora, quien quiera prever lo que ocurrirá en nuestra América Latina, deberá seguir las declaraciones que surjan entre Washington, Lima y Buenos Aires.

Con todo respeto: Si Colombia quiere volver a tener algún peso como aliado de los Estados Unidos, la ayuda que brinde en el derrocamiento del régimen narco-comunista de Maduro en Venezuela, y la oportuna colaboración que ofrezca para que se lleve a feliz término la extradición de los jefes narcotraficantes de las Farc hacia las cárceles estadounidenses, serán la prueba de fuego. ¡Terminó el recreo con los gringos!

No olvidemos quiénes somos. El abuso de las drogas es un repudio de todo lo que es Estados Unidos.” (Ronald Reagan).

@tamayocollins

Publicado: mayo 24 de 2017