Es evidente que no cualquier organización puede fabricar y poner una bomba como la que fue detonada en días pasados en el centro Andino, al norte de Bogotá.

Resulta francamente preocupante la revelación hecha por el fiscal general de la nación, Néstor Humberto Martínez, en el sentido de que antes del atentado terrorista, uno de los sospechosos –integrante del denominado movimiento revolucionario del pueblo-, fue puesto en libertad por un juez de garantías, luego de que fuera capturado con explosivos en su poder.

De manera insólita, reveló el fiscal Martínez, el juez sustentó su decisión sobre el hecho de que el terrorista capturado no había detonado los explosivos que tenía en su poder, razón por la que no podía considerarse que él es “un peligro para la sociedad”.

De acuerdo con las investigaciones, todo apunta a que la célula terrorista movimiento revolucionario del pueblo, integrada por milicianos del Eln, es la responsable del ataque que cobró la vida de 3 mujeres, entre ellas la ciudadana francesa Julie Huynh. (Al respecto, lo invitamos a leer “Consecuencias de la impunidad”).

Sobre esa mujer se han tejido toda suerte de especulaciones en las que abundan la imaginación paranoide y escasean las evidencias.

Partiendo de hechos reales, se ha pretendido llegar a conclusiones falsas, para efectos de dramatizar la historia y darle un matiz que no corresponde a la realidad, con lo que en el fondo se termina favoreciendo a los verdaderos responsables del crimen.

Un coronel retirado –John Marulanda- que se presenta a si mismo como “experto” en temas de terrorismo fue la primera persona en indicar que Julie Huynh tenía vínculos con la izquierda. Y aquello es cierto: trabajaba para una ONG que atendía asuntos sociales, era cercana a sectores de la izquierda colombiana y recientemente había estado, según indicó Marulanda, en Cuba.

Aquellas premisas son ciertas, pero no son prueba concluyente para inferir que ella tuvo algún tipo de participación en el ataque terrorista.

A la redacción de este portal, intentó confundírsele con esa tesis que, en efecto, es una típica teoría conspirativa, de esas que tienen tanta acogida en las personas paranoides.

Adjudicarle responsabilidad de un crimen a una persona que no lo cometió es la principal prenda de garantía para la impunidad. Cuando asesinaron a Luis Carlos Galán, se tejió la tesis de que un hombre que en el pasado había tenido líos judiciales, Alberto Jubiz Hasbun, era el autor del crimen.

La teoría estuvo bien estructurada. En el momento de su captura en pleno centro de Bogotá, Jubiz Hasbun estaba acompañado de otros personajes con antecedentes judiciales. Para completar la escena, los policías encontraron una ametralladora en la oficina donde él se encontraba. La película era perfecta: un ingeniero químico caído en desgracia, reunido en una sórdida oficina con un grupo de personas cuestionables y una ametralladora. Todo parecía consumado.

Luego de 3 años, Jubiz pudo poner en evidencia el montaje en su contra. Tiempo precioso para que los verdaderos responsables del asesinato de Galán desviaran la atención, manipularan pruebas, desaparecieran testigos y demás actuaciones necesarias para despistar a la justicia.

Que Julie Huynh fuera de izquierda, que estuviera de acuerdo con el proceso con las Farc, que trabajara en una ONG que se dedica a atender personas de escasos recursos, no la hace terrorista. A los que tejieron la teoría conspirativa, supuestamente soportada por análisis de “expertos” del FBI –agencia que no se ha pronunciado sobre aquel hecho y que no ha avocado la investigación por cuanto no hay ciudadanos norteamericanos afectados por la explosión-, se les quedó un detalle por fuera: la presencia de la madre de Julie en el lugar de los hechos.

No es muy creíble que una terrorista que se va a inmolar, vaya acompañada por su madre al lugar donde va a cometer el crimen.

Pero también es posible que en la infinita imaginación del “experto” coronel John Marulanda y sus súbditos, quepa la posibilidad de que madre e hija fueran unas peligrosas terroristas internacionales, quizás más temerarias que el propio Ilich Ramírez, El Chacal.

Si Julie Huynh era parte del comando que detonó la bomba en el centro Andino, esa es una conclusión a la que deben llegar los investigadores.

Mientras aquello no se defina con base en evidencias, hacen mal quienes se dedican a difundir tesis paranoicas e inverosímiles –que parecen sacadas de los libros de John Le Carré o Tom Clancy- y que en el fondo ayudan tremendamente a los verdaderos autores intelectuales y materiales de aquel salvaje acto de terrorismo, pues la atención se desvía hacia donde no corresponde.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 27 de 2017