LOS IRREVERENTES. Senador, supimos que hace unos días estuvo usted de gira en Washington, conversando con legisladores de ese país, sobre todo con miembros del partido demócrata, colectividad con la que el Centro Democrático no tiene muchos contactos. ¿Cómo están viendo en Washington la situación de Colombia y el futuro de nuestro país una vez se firme el acuerdo final con la guerrilla de las Farc?

JAIME AMIN. Tuve ocasión la semana pasada de hacer una agenda de trabajo en los Estados Unidos. Me reuní con el secretario Almagro de la OEA y con congresistas demócratas del comité de relaciones exteriores del Congreso norteamericano. Me sorprendió encontrar un nivel de información muy precario en estos legisladores. Cuando les expliqué la impunidad para delitos atroces que va a beneficiar a las Farc, la elegibilidad con que van a ser premiados y la no reparación a las víctimas con el dinero de su inmensa fortuna, se mostraron sorprendidos.

Así mismo hablamos de un tema que es muy preocupante: la vinculación del narcotráfico como delito político. Aquello impresionó muchísimo a mis interlocutores.

El secretario general de la OEA manifestó su extrañeza por el hecho de que el presidente Santos rechazara la participación de ese organismo en el proceso de concentración, verificación y entrega de armas de la guerrilla de las Farc, tal y como había acontecido en el proceso de paz con las AUC. Para Almagro, los delitos de lesa humanidad, tarde o temprano van a ser revisados por la Corte Penal Internacional.

L I. Esta semana el Centro Democrático tendrá dos días de reflexión, en los que deberá tomar decisiones que pueden cambiar el destino de la colectividad. Empecemos por hablar del plebiscito al que la Corte Constitucional le acaba de dar vía libre. Frente al mismo, ¿cuál es su propuesta: abstención o campaña por el no?

J A. Como miembro de la Comisión Primera del Senado dejé más que claro, con argumentos suficientes desde el punto de vista político, jurídico y de conveniencia la monstruosidad que significaba “torcerle el pescuezo” a la ley de participación ciudadana, rebajando un umbral del 50 al 13%, un número que responde a un homenaje que le hace el presidente Santos a su baja popularidad, como quiera que este es el registro más bajo que tiene un presidente desde hace 30 o 35 años.

El Centro Democrático tendrá que tomar en las próximas 72 horas unas decisiones trascendentales que orientarán a miles y miles de colombianos que no creen en este gobierno, que saben que hay muchas trampas en la negociación con las Farc y que van a escuchar atentamente la posición del partido frente a la abstención o frente al no. Yo tengo mis reservas frente al no, porque creería que tal y como está planteado pudieran sumarse los votos del sí y del no para superar el umbral y en ese caso valdría la pena examinar la opción de la abstención. En todo caso, será una decisión de partido.

L I. El Centro Democrático es, hoy por hoy, el único partido en Colombia con un cuerpo de doctrina y una ideología definida. Quienes militan en esa colectividad saben porqué lo hacen y conocen buena parte de la plataforma ideológica del mismo. Es, lo que muchos llaman, un partido de opinión. Una de las claves del éxito del CD ha sido, precisamente, su disciplina y su cohesión frente a los temas más sensibles. De cara a las elecciones de 2018, un sector de la dirigencia del Centro Democrático está planteando la posibilidad de que se presenten listas abiertas tanto para senado como para Cámara de Representantes. ¿Usted está de acuerdo con abrir las listas, o prefiere que continúen siendo cerradas?

J A. Cada día es más cierto que el partido político con más peso en la opinión pública nacional es el Centro Democrático. Y creo que la responsabilidad que tenemos todos es la de preservar dentro de los marcos de participación posible la presencia del partido en las próximas elecciones legislativas. Ello unido a un proceso que permita recuperar el poder con un candidato a la presidencia que recoja toda esta inconformidad que hay frente al gobierno de Santos.

L I. La clave de la subsistencia de un partido está en que éste tenga vocación de poder. El Centro Democrático debe presentar a un candidato propio para las próximas elecciones presidenciales. Por ahora hay 3 precandidatos: Iván Duque, Carlos Holmes Trujillo y Zuluaga. ¿Cuál de ellos le gusta más y cuál debe ser el mecanismo que debe emplearse para definir quién debe ser el candidato?

J A. Hay mucho más uribismo que Centro Democrático en el país. Debemos desprendernos de cualquier ambición para que el presidente Uribe dé la línea. Quisiéramos que el partido recoja los errores que pudieron existir en el anterior debate electoral y de cara al próximo vayamos con una candidatura con clara opción ganadora.

L I. Empieza una nueva legislatura. Dijéramos que será un año definitivo para Colombia, pues les corresponderá ser testigos de la firma de los acuerdos finales con los terroristas de las Farc. ¿Está el Congreso de la República preparado para la eventualidad de que en algunos meses, por asignación directa y sin que medie votación alguna, miembros de esa estructura criminal se conviertan en legisladores?

J A. Por la forma impúdica, atropellando las garantías democráticas del país. Estrujando la Constitucion a su antojo. Con unos medios de comunicación enmermelados y unos gremios de la producción ensimismados, nosotros creemos que esas mayorías de la unidad nacional podrían perfectamente avalar la presencia de personas acusadas de graves delitos contra la humanidad en el Congreso, sin que tengan que pasar previamente por las urnas. Todo esto por la vanidad personal del presidente Santos por ganarse el Nobel de Paz. Tendrá que compartirlo, naturalmente, con Timochenko. Desde el Centro Democrático queremos la paz, pero una paz fundada en la verdad y no en la mentira.

@IrreverentesCol