Emociona el tono decidido y contundente que empleó el presidente de la República, Iván Duque minutos después de que se conociera la indignante noticia del atentado terrorista perpetrado por la banda criminal Eln, en el municipio de Saravena, en el Arauca. 

Los salvajes al mando de alias “Gabino” volvieron a atentar contra una instalación militar, esta vez detonando el explosivo a pocos metros del lugar donde están ubicadas las casas fiscales donde viven los uniformados con sus familiares. 

Duque no se fue por las ramas. Desde Pereira, hizo un enérgico pronunciamiento en el que aseveró que el atentado fue “un acto cobarde, miserable y canalla del Eln”. Igualmente, el mandatario dijo que “este es un acto terrorista, un acto contra las instalaciones de los héroes de Colombia y yo quiero expresar que rechazamos contundentemente ese acto de terror, nuevamente planeado desde territorio venezolano donde están muchos de los cabecillas de esa organización protegidos por la dictadura de Venezuela”.

En tono vehemente, anunció la determinación de combatir a esos antisociales: “En Colombia vamos a seguir enfrentando esa organización terrorista y criminal con toda la fuerza del Estado. Vamos a seguir desarticulando sus redes de financiamiento, sus redes terroristas, sus redes de narcotráfico. Que quede claro que acá sigue Colombia unida contra el terrorismo y rechazamos categóricamente este acto deleznable que perpetraron para tratar de afectar la vida de personas inocentes que estaban en casas fiscales. Pero no se produjeron los daños y acá seguimos nosotros liderando la seguridad para que se haga justicia con los criminales del Eln”.

Los antisociales no se saldrán con la suya. Ellos no van a doblegar al presidente Duque. Ni los bandidos del Eln, cuyos cabecillas continúan en Cuba, protegidos por la camarilla mafiosa que tiraniza a los habitantes de esa entristecida isla, ni los forajidos que se valen de las protestas sociales para causar destrozos, tal y como sucedió recientemente en Bogotá, cuando unos desadaptados atentaron contra la Policía, contra edificios históricos y lugares sagrados como la Catedral Primada. 

Durante el gobierno pasado, el país estaba acostumbrado a un presidente débil y cobarde frente a los violentos. Con Duque el asunto es diametralmente distinto. Colombia está en un proceso de restablecimiento de nuestra Fuerza Pública, la cual fue prácticamente desmantelada durante los 8 años de Santos. Hay que reconstruir buena parte de la inteligencia estatal, pero también resucitar la moral de la tropa, esa misma que fue objeto de toda suerte de maltratos y humillaciones durante los 8 años de régimen Santos-Farc.  

El presidente Duque lo ha dicho una y otra vez: a los bandidos se les acabó la guachafita. Estén donde estén, serán perseguidos y combatidos sin contemplación ninguna. Este no es un gobierno débil ni claudicante; los violentos deben darse por notificados de que sus acciones no serán respondidas con ofertas de diálogo sino con la fuerza legítima de un Estado cuyo gobierno no tolera la más mínima manifestación de terrorismo. 

@IrreverentesCol

Publicado: abril 28 de 2019