A nivel regional no ha dejado de despertar angustia el anuncio del gobierno y de las Farc respecto de la creación de 23 zonas veredales donde serán concentrados los guerrilleros de las Farc mientras se propicia su desmovilización, posterior a la “dejación” de armas.

Desde Bogotá se ha vendido el asunto como una fórmula ingeniosa que será transitoria y se constituirá en una herramienta eficaz para la consolidación para la paz. Pero en los departamentos donde se anuncio la creación de dichas zonas veredales hay mucha preocupación porque sus habitantes, que han sufrido el yugo criminal de las Farc, temen que esas zonas se conviertan en verdaderas repúblicas independientes desde las que los terroristas seguirán, con la protección hasta de la ONU, delinquiendo, extorsionando, traficando con drogas y reclutando menores. El recuerdo de los abusos cometidos por las Farc durante la época del Caguán sigue vivo en la memoria de muchos colombianos.

Según el mapa revelado en La Habana, una de las zonas veredales que se establecerán, quedará en el municipio de Tibú, Norte de Santander, región históricamente azotada por el terrorismo y el narcotráfico.

El concejal del Centro Democrático en Cúcuta, Juan Carlos Capacho ha formulado una serie de preguntas sobre la naturaleza exacta de la zona veredal que implantarán en su departamento y que, como era de esperar, no le han contestado. El misterio, el silencio y la falta de claridad son las reglas generales en el proceso de paz con las Farc.

Por ejemplo, no se ha precisado la extensión ni la ubicación de la zona que crearán. Existe temor en la comunidad de que la zona confluya con un resguardo indígena de la región y que esté alejada de las vastas plantaciones de cultivos ilícitos que inundan al Norte de Santander. En palabras de Capacho, “la zona del Catatumbo según informe de la Oficina Nacional para el Control de las Drogas de Estados Unidos (ONDCP) ha aumentado alarmantemente, en comparación al año 2011, de 3000 hectáreas de cultivos de coca, pasamos a más de 35.000 mil hectáreas  en la actualidad, con control territorial ejercido por la  asociación  criminal de las Farc, el Eln, las Bacrim y el denominado Epl”.

Los habitantes de Tibú temen que su región se convierta en un nuevo Caguán

por cuenta de la llegada de los bandidos de las Farc

Pero la desconfianza aumenta por cuenta de la frontera con Venezuela. Existe el temor en la comunidad de que las Farc resulten concentradas en una vereda que, coincidencialmente, quede en el límite con la república de Maduro. Capacho se ha dedicado a recordar que un corredor entre Colombia y Venezuela, debidamente protegido por la condición del cese bilateral de fuego, se constituye en peligro no solo para su departamento sino para todo el país.

Las preocupaciones que ha manifestado el joven dirigente uribista Capacho, son el reflejo del pavor que están sintiendo miles de colombianos que ven inminente la llegada de la guerrilla a sus regiones, esta vez a ocupar veredas enteras desde las que la presencia del Estado será nula. Por eso, el concejal cucuteño se ha adelantado a los hechos exigiéndole al gobernador de su departamento que imponga una serie de condiciones previo el decreto de establecimiento de la zona veredal en el municipio de Tibú. Entre las demandas de Capacho está la de hacer un “un inventario de las armas dentro del proceso de dejación de éstas, las cuales deben incluir los números de identificación serial, si es posible: En este punto es muy importante rescatar el proceso de individualización de las armas que fueron entregadas, con ocasión de la desarticulación de las estructuras de autodefensa. En total fueron entregadas 18.051 armas. Todas fueron sometidas a un protocolo para establecer la identificación de las mismas, datos que han sido de utilidad en el proceso de esclarecimiento de la verdad de los hechos y para la investigación de algunos crímenes cometidos con dicho armamento”.

Lo que queda claro es que en las regiones que serán afectadas con las zonas veredales, desde ya existe desconfianza y prevención por los crímenes que puedan llegar a cometer los guerrilleros allá acantonados. Es muy difícil encontrar a un habitante de aquellas regiones que crea en la buena fe de la guerrilla. Al fin y al cabo, las principales víctimas de todas estas décadas de terror y violencia desatada por las Farc han sido los campesinos colombianos.

@IrreverentesCol