La decencia, la honestidad y la transparencia deben ser mucho más que un discurso y una simbología. A lo largo de los años, Mockus hizo del discurso de la honestidad una bandera política. En 2010, cuando encabezaba todas las encuestas presidenciales, prometía que de ganar las elecciones, se pondría una túnica blanca e iría a regar con agua bendita a la bóveda del Banco de la República.

Según Mockus, el dinero público “es sagrado” y con ese cuento ha convencido a cientos de miles de ciudadanos que aún votan por él.

Durante el gobierno de Santos, Corpovisionarios, la fundación de la que Antanas Mockus es representante legal, se ha favorecido, como lo denunciaron LOS IRREVERENTES el año pasado, con más de $6 mil millones de pesos en contratos públicos.

La decencia es mucho más que un discurso político; es una actitud y Mockus ha dado sobradas muestras de no ser como él mismo se muestra. Una personas decente, no abusa de su posición para celebrar multimillonarios contratos con el Estado para no hacer mayor cosa. Como se ha demostrado, buena parte de las consultorías y asesorías que contrató el gobierno de Santos no fueron ni necesarias ni rigurosas. Al final del día terminaron siendo simple y llana mermelada.

Tampoco es decente un sujeto que confesó haber favorecido a los terroristas de las Farc, cuando esa banda aterrorizaba al pueblo colombiano. Mockus llegó al extremo inaudito de intentar falsificar documentos de identidad para los miembros de esa banda criminal.

Aquel delito, que él mismo confesó, nunca fue ni siquiera investigado y quedó impune. Más de medio millón de colombianos, el pasado 11 de marzo votaron por él para el senado.

Lo que Mockus no les dijo a sus electores es que estaba inhabilitado. Él sabía que su candidatura estaba viciada por su condición de representante legal de Corpovisionarios, la fundación de la que él es representante legal.

No obstante, se inscribió y se presentó como candidato del partido Verde y gracias a su inmensa votación, logró que su colectividad pudiera meter 3 senadores más, entre ellos el hijo de Farcpolítica Piedad Córdoba, el señor Juan Luis Castro Córdoba.

El consejo nacional electoral, un organismo sin mayor peso por la inmoralidad manifiesta de sus magistrados, está ad portas de decidir sobre la legalidad de la elección de Mockus en las elecciones del 11 de marzo.

Las presiones desde la extrema izquierda para que el CNE declare válida la elección de Mockus ha sido tremenda. A esa gavilla, de manera inaceptable, se sumó el saliente Juan Manuel Santos.

Flaco favor le presta a la democracia que un jefe de Estado ejerza presión sobre los miembros que integran al tribunal electoral del país. Al margen de los legítimos cuestionamientos que pesan sobre el CNE, lo cierto es que ese órgano debe resolver, sin presiones, la suerte de Mockus quien claramente estaba inhabilitado para inscribirse como candidato al Senado.

La tal decencia de Mockus es un simple cliché político. En el discurso él dice una cosa, pero su comportamiento va por un camino totalmente distinto: el de aquellos zánganos que están acostumbrados a nutrir sus arcas con los dineros del tesoro público.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 26 de 2018