Sobre las revoluciones en el continente americano, el colombiano Sergio Arboleda en la segunda mitad del siglo XIX sostuvo que la revolución en la América española fue de las más complejas que se hayan presentado en el mundo porque se compuso de 5 revoluciones, a su vez, que fueron fundamentales y simultáneas: La revolución de la independencia, la económica, la política, la social y, finalmente, la religiosa; las cuales se entremezclaron con el choque cultural, racial, entre los mestizos, los criollos y los originarios españoles quienes nunca pensaron, ni imaginaron, ni dimensionaron, lo que encontrarían por las tierras americanas (Ver: Álvaro Gómez Hurtado, Su vida, su siglo, Juan Esteban Constain, R.H. 2019).

Hoy, con 211 años de independencia sobre nuestros hombros, bien podríamos preguntarnos: Ahora, que tenemos nuestra independencia, ¿para qué? ¿para qué nos sirvió la independencia de la Corona española? ¿para producir un gran cambio social, político y económico?

Porque si tomamos como ejemplo la independencia de los Estados Unidos de América del Imperio británico, no solo su proceso sirvió para la constitución de ese gran país que conocemos hoy por cuenta de migrantes de credo protestantes, cultos, quienes con su espíritu netamente laborioso en pro de la riqueza del individuo por obra y gracia de DiosIn God We Trust, comenzaron a progresar rápidamente a la vez que su población experimentó un notable crecimiento. De tal forma que en un corto periodo de tiempo, el continente norteamericano quedó conectado por vía férrea de costa a costa. 

En contraste, para el caso de Colombia, su traumática historia post independencia corresponde, según Orlando Melo, a la de un país que ha oscilado entre la guerra y la paz: más guerra que paz; la pobreza y el bienestar: más pobreza que bienestar; entre el autoritarismo y la democracia: más autoritarismo, caudillismo, que democracia. (Ver: Jorge Orlando Melo, Historia de Colombia, Turner publicaciones, 2017).

Es probable que nuestros precursores de la independencia colombiana hayan obrado de buena fe. Debemos suponer que así lo fue. 

De tal forma que nunca se imaginaron las repercusiones, ni las dimensiones, que tendrían los cambios sociales, políticos, económicos, militares, religiosos post independencia, como bien los comenta Arboleda, que ellos soñaron o visualizaron en su contexto.

Porque cada vez que se producen este tipo de procesos revolucionarios, en principio para progresar, para buscar un bienestar mayor al que se tiene en el presente, nunca se sabe cómo terminan. Se sabe, eso sí, cuándo comienzan: Llorente (todo por un florero); pero nunca ni cuándo, ni cómo terminan: La Revolución Francesa.

De tal forma que se podría decir que el resultado de la post independencia para Colombia significó un salto al vacío  por cuenta de sus incoherencias y des criterios en las  manifestaciones universales mezcladas con un mal manejo del concepto del Estado y la cosa pública, como bien la denominaba Álvaro Gómez Hurtado en sus discursos. 

Mientras que los Estados Unidos post independencia vivieron un periodo de prosperidad gracias a su Constitución la cual consta de tan solo 7 artículos; en la Colombia post independencia se vivieron los siguientes procesos: Constitución de 1832, bien compleja, la Guerra de los Supremos, 1839 – 1842 gracias al gobierno del liberal, masón: José Ignacio Márquez, un abogado, político de Ramiriquí, Boyacá, sucesor del General Francisco de Paula Santander (el mito de Santander, ¿General?) quien sancionó a su libre albedrio una ley que ordenaba la suspensión de los conventos religiosos para convertirlos en escuelas públicas. 

A la Guerra de los Supremos, vinieron varios conflictos internos civiles y, en el entre tiempo, una segunda reforma constitucional más compleja que la primera para llegar a la de 1991: una constitución fallida, para lo cual los del M19 tuvieron que secuestrar a Álvaro Gómez Hurtado, pasando por el espurio proceso de paz con las Farc del gobierno corrupto y amoral de Juan Manuel Santos.

Así, las cosas, el cuento aquel que lo que se conoce como el período de la Violencia en Colombia en el siglo XX no es más que un cuento, una narrativa, teniendo en cuenta que la violencia en Colombia se presentó desde sus inicios gracias a las ambiciones personales, políticas y económicas como la del señor Márquez quien le hizo la jugadita Santander, pero bien hecha. 

Con 211 años de independencia, en vez de evolucionar, para el caso colombiano involucionamos hacia el progresismo bolivariano del siglo XXI, junto con la pauperización de la sociedad en general. 

Hablando de la primera línea: Ahora ya no hay desfiles militares, pero sí de la primera línea. 

Puntilla: Hablando de pauperización, el progresismo, izquierdismo, comunismo, acaba con todo. Hasta con Margarita Rosa de Francisco…

Rafael Gómez Martínez

Publicado: julio 20 de 2021