Cada generación intenta formular su propio concepto de Estado y de sociedad. En ese camino, arduo y difícil, encuentro y vuelvo a descubrir a un pensador con el que se sienta fundas afinidades, porque anticipa nuestros problemas y expresa nuestras inquietudes.

La anterior frase, se le atribuye a J.P Mayer en su prólogo a: La democracia en América de A. Tocqueville, una obra literaria que debe ser revisada cada cierto tiempo para saber, precisamente, de dónde venimos y cómo nos encontramos en pleno siglo XXI; donde la Democracia como la conocemos se encuentra en vías de extinción desde la aparición del modelo doctrinario y político conocido como el Socialismo bolivariano del siglo XXI.

De tal forma que Tocqueville comenta con respecto a un viaje que realizó a la naciente nación de los Estados Unidos: Me llamaron la atención el cómo se ejerce la igualdad; la igualdad le da al público una cierta dirección, cierto giro a las leyes, a los gobernantes, a los gobernados, nuevas máximas y hábitos especiales de respeto por el otro.

Tal vez, se refirió Tocqueville a ese artículo de la constitución norteamericana que dice: All men are equal, todos los hombres son iguales.

Se entiende por igualdad, al concepto emanado posterior a la abolición de la esclavitud donde, en principio, Abraham Lincoln liberó a los esclavos de los estados confederados de tal forma que hacia 1865 se aprobó la décimo tercera enmienda a la constitución norteamericana que abolía oficialmente la esclavitud.

Viendo el fracaso del Socialismo bolivariano del siglo XXI, me remito al pensamiento de Tocqueville en los términos de igualdad de condiciones en la cual se encuentra nuestra Democracia en vías de extinción por cuenta de esta doctrina política; donde la igualdad es inexistente frente a la destrucción del ser humano, como tal.

Lo que creó Chávez y sus aventajados alumnos, como diría Murdock en Les Luthiers, desde su aparición ha sido la fractura, que llama Sedillot, de nuestra Democracia que con tanto esfuerzo construyeron los predecesores, como dicen en Norteamérica, a quienes nunca se les falta el respeto, ni su dignidad; no como los jóvenes románticos de la primera línea que destruyen todo lo que está a su alcance.

Estos líderes progresistas de pacotilla del siglo XXI de nuestra región, los cuales se parecen al poeta Escobar de la obra Sin remedio de Antonio Caballero: Declamando poesías en bares de mala muerte.

Se dicen ser populistas, progresistas, como el nuevo presidente del Perú: Castillo y su sombrero, Claudia y su foulard, Celaya y su sombrero, hasta con un rifle al estilo Sadam Hussein posó alguna vez Celaya para la foto, Chávez y su Bolívar;  elegido “democráticamente” gracias al voto electrónico de Smart Matic: Ojo con el voto electrónico para el 2022.

Castillo, de entrada, ha producido la ruptura total de un país que siempre se caracterizó por su nivel de cultura y tradiciones que hicieron del Perú un país único en la región hasta que llegó el sanguinario movimiento revolucionario Sendero Luminoso con Abimael Guzmán a la cabeza.

Al ver a Castillo, con su sombrero, me pregunto si es producto de la fantástica tergiversación de la realidad peruana o si es un resultado del macondo estilo Gabriel García Márquez donde se mezcla la ficción con la realidad del coronel Aureliano Buendía.

En sus primeros anuncios, quedó en evidencia la fractura social, económica, cultural, de su sociedad, tal como la conocieron; llevándola paulatinamente a una serie de conflictos internos tal como lo estamos viviendo en la Bogotá de doña Claudia y su foulard.

Sorprende, de entrada, que al igual que Chávez, Castillo anuncia: Por una nueva constitución; sumado a otro que pondría con los pelos de punta a más de uno: Los jóvenes que no trabajen o estudien deberán presentarse al servicio militar.

Qué tal que en locombia en que nos encontramos, a un presidente cualquiera le diera por hacer este anuncio: Los jóvenes de la primera línea, si lo desean, pueden ingresar gratis al servicio militar. La que a se armaría.

Se vienen tiempos recios para el Perú, como bien lo diría Mario Vargas Llosa, otra obra literaria que debe ser revisada cada cierto tiempo para darse cuenta cómo el comunismo ha llegado al poder utilizando las diferentes formas de lucha y reinventándose cada cierto tiempo, ahora con Castillo y su sombrero, doña Claudia y su foulard. Patético.

Ahora, con la jugadita del voto electrónico de Smart Matic.

Puntilla: Doña Claudia: Si usted se va caminando, con su foulard, desde la estación calle 100 de Transmilenio hasta la carrera séptima por el andén sur, verá lo destruido que se encuentra. Pero, tranquila, mis pies de lujo pueden esperar.

Rafael Gómez Martínez

Publicado: Agosto 3 de 2021