Informe de DAVID MEZA PRETELT

El gobierno nacional a través de Mauricio Cárdenas y el mismo Juan Manuel Santos ha vendido una imagen de la situación económica del país que es prácticamente un espejismo, ocultando una crisis originada en el desaprovechamiento de la bonanza económica petrolera y de materias primas, que a pesar de aportarle capitales de más de $60 billones de pesos a la economía nacional, nunca llegaron al bolsillo de los menos favorecidos.

Las cifras de desempleo, a pesar de ser maquilladas por dudosos métodos de encuesta del DANE, son dramáticas. El país abrió el año 2017 con doble dígito de 11,7%, solamente por debajo de Brasil a nivel regional y unas dramáticas perspectivas para el bolsillo de los colombianos, que veían como se les imponía el IVA del 19% y un crecimiento del gasto público del 11%.

Un estado hambriento, que necesita exprimir a la ciudadanía para obtener grandes sumas de dinero que permitan tapar los grandes asaltos al erario; entre los que se cuentan riesgosas inversiones y malversación de fondos como la repartición de mermelada parlamentaria y sonados casos de corrupción entre los que están Navelena-Odebrecht, Reficar y el desfalco a SaludCoop.

El momento económico actual en Colombia exhibe un mal ejemplo histórico de trampa a la regla fiscal, ya que no se ahorró durante los tiempos de vacas gordas con el petróleo y el carbón a altos precios en el mercado internacional, sino por el contrario, el gobierno hizo endeudar a Ecopetrol y basó sus proyecciones económicas en la utópica sostenibilidad de los precios del petróleo y las materias primas que como se ha visto (y era previsible), han venido cayendo estrepitosamente a nivel mundial.

Las cifras de desempleo son un espejismo. La Dian asume como empleado a cualquiera que haya trabajado más de una hora durante la última semana, con o sin remuneración y tampoco son claras en cuanto a que más del 56% de la fuerza laboral está en la informalidad; eso sí no lo anuncian con bombos y platillos. El lado oscuro del desempleo lo viven los jóvenes, a quienes las empresas les piden requisitos a veces imposibles de alcanzar en cuanto a estudios y experiencia. Esto y las nefastas políticas laborales del gobierno Santos tienen a esta población en alarmantes niveles de desempleo del 16%.

La inestabilidad laboral y el subempleo tienen un efecto nefasto en el sistema pensional, ya que al ser superada la cifra de ciudadanos en el régimen contributivo por los que se encuentran en el subsidiado, se crea un desequilibrio que está conduciendo al país a un colapso en el sistema de seguridad social y de los 22 millones de colombianos ocupados, solamente 7 millones aportan al sistema de pensiones.

El desatino de la política laboral

Clara López probó ser profundamente ineficiente en el manejo del tema laboral en el país. La situación es tan grave que los mismos empleados del ministerio de Trabajo se encuentran en largas jornadas de paro desde la salida de una ministra que se ufana de ideas de izquierda y supuesto apoyo a las clases populares, si esto es lo que viven los empleados de la cartera desde la que se dictan las políticas públicas en materia laboral, ¿qué le espera al resto de colombianos?

Las cifras de empleo en ciudades como Cúcuta y Quibdó son escandalosas, llegando al 18% y 16,9% respectivamente, pero si en los cascos urbanos llueve, en el campo no escampa, recientemente Iván Duque denunció que “en el campo colombiano viven cerca de 12 millones de compatriotas que tienen el 80% en el régimen subsidiado de salud y más del 70% esta ganando menos de un salario mínimo. Eso significa que la informalidad en el campo es la principal amenaza que estamos teniendo para la transformación social de un sector que es determinante para nuestro futuro”.

Entidades que agrupan los trabajadores a nivel nacional, a quienes el gobierno prometió lo divino y lo humano durante las campañas presidencial y del plebiscito, han visto cómo los compromisos cayeron en saco roto, llevándose una dura lección por haberse comprometido de forma precipitada con un Gobierno que ha hecho de la mentira y el engaño su modus operandi.

El IVA, mito y realidad

Colombia hace parte de los países de la región con un Impuesto  al Valor Agregado más alto, comparable solo con Chile y Argentina que encabezan la lista con IVA del 20%. Esta medida aplicada desde la más reciente reforma tributaria es un ataque directo al bolsillo de las clases media y baja, dificultando la movilidad social.

Entre las mentiras que se han difundido por medios beneficiarios de la chequera santista, se ha tratado de implantar la idea que fue en el gobierno de Álvaro Uribe en el que se hizo dicho aumento al IVA, pero esto no es más que un mito con la intención de desprestigiar a un expresidente que goza de altos niveles de popularidad.

El mal clima económico que Santos equivocadamente atribuye a los medios en su intento por acallar las denuncias, fue objeto de estudio en un reciente artículo de la revista The Economist en el que hablaron del riesgo político como un factor a analizar para los inversores. Se trata del peligro que ocasionen acciones gubernamentales que puedan reducir el flujo de activos que los inversores esperan de sus inversiones. Hecho palpable en la realidad colombiana donde se ha abusado del bolsillo del consumidor y se ha vapuleado la constitución durante el actual gobierno.

@DMezaPretelt

Publicado: junio 20 de 2017