En 1983, el doctor Dan Kiley publicó el libro “The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown” (el síndrome de Peter pan: hombres que nunca crecen) allí describe este ya muy famoso, aunque aún no aceptado científicamente síndrome psicológico, con los siguientes síntomas: El síndrome de Peter Pan se caracteriza por la inmadurez en ciertos aspectos psicológicos, sociales. La personalidad en cuestión es inmadura y narcisista. El sujeto crece, pero la representación internalizada de su yo es el paradigma de su infancia que se mantiene a lo largo del tiempo.

En Colombia acaba de registrarse la comprobación científica del síndrome, con el famoso caso de Nílson y Celinea.

Cualquiera pensaría que esos nombres hacen mención a una tragedia griega, o alguien más aterrizado se imaginaría que se trata de una parejita de las laderas de Medellín, pero no, nada de eso, se trata de altísimos exponentes de la tragedia judicial Colombiana, que llenan con holgura los síntomas del síndrome descrito.

Doña Celina Oróstegui, Directora Ejecutiva de la Rama Judicial, quien decide a quién se le asignan carros, escoltas, y reparte los recursos de la Rama, fue beneficiaria de una decisión por la cual, pese a haber sobrepasado la edad de retiro forzoso, podrá seguir ejerciendo su cargo. El Consejo de Estado se negó a aplicarle la norma que obliga a los servidores del Estado a retirarse de la función pública al cumplir 65 años, por considerar que no es claro que los cargos que fueron creados a partir de la Constitución de 1991 tengan que cumplir con el retiro forzoso que se les impone a los demás funcionarios.

Celinea en plena negación del envejecimiento, estaba completamente segura de que ella estaba por encima de las normas, y con esta decisión logró demostrarlo.  Ella por supuesto, no se inventó la tesis, sino que siguió el ejemplo del magistrado de la Corte Constitucional Jorge Iván Palacio Palacio, aún mayor que ella, y quien no ha tenido problema en mantenerse en su cargo gracias al fundador de la escuela de los Peter Pan de la justicia y mejor representante del Síndrome, Nilson Pinilla.

Hace algunos años, cuando la Corte Constitucional sufría la presencia de Nilson Pinilla en sus pasillos, eran muchos los agredidos por la desfachatez del Magistrado. Este extraño personaje, que llegó a las altas cumbres de la justicia, más a fuerza de amenazas que de virtudes, en realidad nunca fue conocido como un académico, o como un jurista destacado. En el mundo del Derecho Penal no se supo nunca de una tesis jurídica suya y en la Corte Constitucional no fue reconocido sino por su grosería y sus peleas. No hay una sola sentencia importante en la que Pinilla haya jugado algún papel destacado. Su ímpetu religioso, contrastó siempre con su voluntad de acabar con las fuerzas militares. Tal vez fue uno de los cofundadores de la nueva ola de conservadores de izquierda o en todo caso, de los neo-desubicados, que se limitan a honrar las banderas de sus propios intereses.

El odio de Pinilla al magistrado Pretelt se debe al hecho de éste hizo que se cayeran las megapensiones.

La rebeldía sin fin del Magistrado Pinilla, que lo llevaba a insultar en la Sala Plena a sus compañeros, pronto fue acompasada con su convicción de estar por encima de las leyes. Por eso, a pesar de estar ad portas de cumplir 65 años, participó desvergonzadamente, sin declararse impedido en la sala de revisión de una tutela que exigía la igualdad de la edad de retiro para todas las Cortes, declarándola improcedente, a fin de seguir fungiendo como Magistrado hasta la edad de Matusalén, aunque todos los demás funcionarios de la Rama Judicial, tuvieran que retirarse forzosamente por edad.

Pinilla quería quedarse en la Corte hasta su jubilación, puesto que no le bastaba haber pasado por la Corte Suprema de Justicia y haber utilizado la puerta giratoria para hacerse nombrar inmediatamente como Magistrado de la Corte Constitucional. Como buen niño inmaduro ya se había gastado sus abundantes salarios en dulces, pero tenía listos los arreglos para salir jubilado con una jugosa pensión de casi treinta millones de pesos.

La rabieta que le dio a. Pinilla cuando la Corte Constitucional dictó la sentencia por la cual le puso tope a las pensiones, no tuvo precedentes. Algunos llegaron a pensar que se habían vuelto a tomar el Palacio de Justicia por los estruendos, solo que en esta ocasión las explosiones de ira aún no se han acabado. El adolescente tardío no se cansa de hacer pataletas, dice que a él no le pueden aplicar esa sentencia, se ha bautizado como enemigo público de Pretelt (ponente de la sentencia que lo dejó sin “megapensión”) de quien se declara víctima y lo acusa de despojador, seguramente porque él, en efecto, los despojó  de sus privilegios pensionales.

En fin, el nefasto ejemplo de Pinilla, como toda manzana podrida, ya ha empezado a contagiar al árbol de la Justicia. Resulta lamentable que el Consejo de Estado se preste para el vergonzoso juego de permitir que unos pocos privilegiados, puedan pasarse por la gorra las normas que el resto de los colombianos deben cumplir. El triste ejemplo de Celinea, de Pinilla y de Palacio, es un golpe desmoralizador para los Colombianos que aún creen en sus instituciones y que guardan fe en su sistema judicial.  No es posible que las grades Cortes sean manejadas por personajes inmaduros que se niegan a envejecer con dignidad.

@IrreverentesCol