Ya se fue Juan Manuel Santos (JMS) y nos deja un país devastado. La paz que fue su principal bandera, inclusive descuidando la economía y otros temas importantes de la vida nacional, no se pudo concretar. Y nos deja un país en conflicto, porque los cultivos de coca crecieron desmesuradamente y mueven una economía poderosa que puede mantener numerosos ejércitos, que además es una vigorosa “industria” generadora de empleos. ¿Ustedes se imaginan si las 42.000 hectáreas de coca que heredo JMS se hubieran atacado como venía haciéndolo el gobierno de Uribe? Tal vez no hubiera disidencia farianas y mucho menos bandas delincuenciales  ni el EPL y ELN estuvieran tan empoderados.

Hoy, hay más de 27 frentes de la antigua Farc, que están muy vigente. Y más de tres mil bandas delincuenciales dedicadas al fructífero negocio, donde hay territorios vedados para el ejército nacional, donde la informalidad y el accionar del delito son la constitución y la ley. Nos hemos quedado sin la paz y nos quedamos con la humillación de la guerra, de la guerra de la cocaína.

La Farc estratégicamente hizo relevo de mando, como los hace cualquier ejército en un país cualquiera, y sus comandantes pasaron a jubilarse convertidos en honorables congresistas de la república. Dándoles pasó a nuevos líderes en su reemplazo. ¿Qué diferencia hay entre Timochenko y Gentil Duarte o entre Santrich y John 40? ¡Ninguna!.

El gobierno de JMS no se puede ufanar que los anteriores gobiernos que buscaron la paz, no pudieron conseguirla. La paz de Santos la hubiera podido hacer un niño de cinco años, concediendo lo que jamás se debe conceder. Es incluso muy extraño que se haya demorado tanto en lograrla, y solo se demoro fue porque estaban diseñando el entramado para la impunidad. Un ejemplo muy claro que hay cosas que no se pueden conceder es el proceso de paz con los paramilitares; pagaron cárcel, algunos fueron extraditados, no hubo repetición de masacres y no los hicieron congresistas. Incluso su desaparición es inversamente proporcional al crecimiento de la guerrilla. La paz de Santos es el más grande falso positivo de la historia nacional, la más grande mentira fabricada por los medios y la diplomacia santista, porque en el exterior se le considera ejemplar y bien lograda, mientras en el interior, los colombianos en un 85%, quienes son los que día a día la padecen, la aborrecen, y piden a gritos los cambios que el gobierno entrante de Iván Duque Márquez debe con urgencia hacer. 

Hoy es tal vez el último día que hablo de este nefasto gobierno. La justicia colombiana, la historia nacional y la divina providencia habrán de juzgar a JMS. En adelante, en el gobierno del presidente Iván Duque solo se vislumbra esperanza y buena fortuna, aunque no será para nada facil por el tenebroso legado recibido.

@rodrigueztorice

Publicado: agosto 9 de 2018