El abrumador resultado del NO se constituye en un importante punto de partida para la lucha democrática que comienza a partir de este mismo instante.

Los 6.5 millones de colombianos que salieron a votar en contra de la refrendación de los acuerdos suscritos por Santos y Timochenko, son la base democrática con la que empieza la campaña política con dos objetivos fundamentales: ampliar el número de congresistas de la oposición en el congreso que habrá de elegirse en marzo de 2018 y posicionar al candidato presidencial que emane de una coalición de centro-derecha liderada por el Centro Democrático.

El uribismo solo no tiene cómo ganar las presidenciales, pero se ha consolidado como el principal partido político de Colombia. Desde ahora mismo debe empezar a tender puentes de entendimiento con otros sectores con afinidad ideológica para efectos de sellar una alianza que enfrente a la coalición Santos-Farc que buscará, al precio que sea, quedarse con el poder en 2018.

La victoria del NO es el reflejo del rechazo que el pueblo colombiano siente por los terroristas de las Farc. Las mayorías no estaban de acuerdo con que los peores criminales que han azotado a nuestra patria fueran a quedar impunes y, además, habilitados para ejercer cargos de elección popular. Es inadmisible que criminales de guerra, que son reclamados por tribunales internacionales por narcotráfico, secuestro y homicidio, quedaran sin antecedentes penales y sin pagar por sus delitos.

Campaña tramposa

Tal y como se advirtió desde el comienzo, la campaña fue tramposa, desequilibrada y llena de irregularidades. La oposición no tuvo garantías reales para expresar sus puntos de vista respecto de porqué estaba invitando a los ciudadanos a votar por el NO.

Fue una campaña eminentemente liderada por el expresidente Uribe que, a falta de medios de comunicación, se valió de su cuenta de twitter y de su inconmensurable capacidad de comunicación política para expresar sus ideas. El resultado es monumental: los 6.5 millones de colombianos que marcaron NO, son personas que los siguen a él y aquello constituye un capital político muy valioso para el camino que empieza a recorrerse desde este momento.

Santos perdió

Con todo el Estado a sus servicio, las entidades públicas y sus respectivos presupuestos entregados de lleno en la campaña, con unas Farc armadas haciendo proselitismo a lo largo y ancho del país, sumado todo esto a los miles de millones de pesos que empresarios y contratistas del Estado le dieron a la campaña del SÍ, hay que decir sin temor a equivocación, que el resultado del SÍ es lamentable.

Si el acuerdo fuera tan bueno como lo quisieron vender a través de los medios de comunicación nacionales que se convirtieron en altavoces del discurso oficialista, muchos más colombianos debieron avalarlo con su voto. Los que votaron por el SÍ, son un porcentaje muy reducido, hecho que demuestra que Santos es un presidente que no convoca, que no es un líder cuyas ideas convoquen a la ciudadanía.

La lucha democrática no comenzó con el plebiscito ni se acabó el día de la votación del mismo. Esta es una carrera de resistencia, donde la astucia, la capacidad dialéctica, los argumentos, pero sobre todo la habilidad para sortear las adversidades son fundamentales.

El objetivo que tiene el uribismo, que tiene en su bolsillo una importante victoria es el de la recuperación del poder. Trabajar con ahínco mirando ese único norte. Teniendo de presente que hay que ganar y para ello las vanidades personales de ciertos aspirantes que no son en absoluto elegibles deben ser puestas a un lado. No es este un momento para improvisaciones ni mezquindades.

@IrreverentesCol