El reciente anuncio de disolución de la banda terrorista vasca, ETA, sirve para hacer una reflexión respecto de lo que acaba de suceder en ese país y lo que se presentó en el nuestro con ocasión del supuesto desmonte de las Farc.

La banda terrorista colombiana no desapareció. A través de las denominadas “disidencias”, las Farc continúan aterrorizando a los colombianos y a la región, como es el caso de alias Guacho quien delinque en la frontera con Ecuador, país cuyos nacionales han sido víctimas de ese criminal.

Se decía que el acuerdo con las Farc era beneficioso en el entendido de que éste se reflejaría en la reducción de los cultivos ilícitos y el tráfico de cocaína. Ni lo uno ni lo otro. Colombia está convertida en un mar de coca y las Farc, empezando por sus cabecillas alias Iván Márquez y Jesús Sántrich, siguen involucrados en el tráfico de estupefacientes.

De hecho, 3 de los 5 terroristas de las Farc que llegarán al senado el próximo 20 de julio, tienen procesos en los Estados Unidos por narcotráfico: Márquez, alias Pablo Catatumbo y Carlos Antonio Lozada.

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A las Farc, en la práctica, les fueron perdonados todas sus atrocidades. Independientemente de la gravedad de los crímenes que sus cabecillas cometieron, estos no pasarán un solo día en la cárcel. 

Igualmente, no confesarán sus delitos y mucho menos van a reparar o contarle la verdad de los hechos a sus víctimas. 

Ganaron por todos los frentes: quedaron impunes, su fortuna se mantendrá intacta, las víctimas esperarán una reparación y una verdad que jamás llegará y, para terminar de completar, 10 de sus cabecillas llegarán sin votos al congreso de la República. 

Después de 59 años de existencia, se acaba de anunciar la disolución de la banda terrorista ETA y las diferencias saltan a los ojos de cualquier desprevenido. Mientras el gobierno español de forma inaceptable coadyuvó al de Santos en el acuerdo de impunidad de las Farc, ahora puede disfrutar de un entendimiento con ETA que es totalmente distinto al que se celebró en nuestro país.

Lo interesante es que aquello demuestra que Santos y sus negociadores -entre ellos el candidato De La Calle- mentían cuando aseguraban que era imposible llegar a un acuerdo con un grupo armado ilegal sin que se hicieran las concesiones que ellos le otorgaron a la guerrilla.

ETA dejó de existir y sus crímenes seguirán siendo investigados y castigados por la justicia. Sus cabecillas presos, seguirán tras las rejas. En el congreso de los Diputados no habrá curules gratuitas para los integrantes de esa banda.

Queda pendiente, al igual que en Colombia, la verdad y la solicitud de perdón a las víctimas, tal y como de manera lúcida lo ha reclamado el prestigioso editorialista y subdirector del diario ABC, Ramón Pérez-Maura quien recordó que “las víctimas de ETA no son sólo las 853 personas vilmente asesinadas y sus familiares. Lo son también las que fueron heridas en atentados, las que fueron secuestradas, y con todas ellas sus familiares. Miles y miles de españoles. Y víctimas de ETA fueron también los vascos que vivieron un ambiente irreparable…”.

Pero a diferencia de los colombianos humillados con el acuerdo Santos-Timochenko, a los españoles les queda al menos la tranquilidad de saber que sus victimarios no fueron premiados ni la democracia de su país sacrificada en aras de un la firma de un acuerdo. La moraleja es que definitivamente sí se puede lograr el desmonte incruento de una organización terrorista sin necesidad de poner al Estado de rodillas como hizo Juan Manuel Santos. 

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 7 de 2018