Aunque para algunos pasó desapercibido, quizás por los muchos encuentros de alto nivel que se dieron la semana pasada en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, hubo uno de la mayor importancia para Colombia, con una historia de muchos años de tropiezos, desencantos y tenacidad. Se trata de la firma de un Memorando de Entendimiento para la profundización de la relación entre Colombia y la Unión Europea para la próxima década. Firmaron la Vicepresidente y Canciller de Colombia y el Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, teniendo como testigos de excepción para la foto al Presidente Iván Duque y la Presidente de la Comisión Europea Ursula von der Leyen.

Tras cinco años como Embajador de Colombia en Bruselas y luego de una prolija carrera pública, buena parte de ella en la diplomacia colombiana, Carlos Holmes Trujillo regresó al país en 2011 con el sinsabor de haber labrado el camino para el tratado de libre comercio que se firmaría un año más tarde pero, que no alcanzó a ver la luz mientras estuvo en Bruselas. Tuvo que librar muchas batallas en el Parlamento Europeo, entonces negativamente influenciado contra Colombia.

Para Trujillo era inconcebible que siendo la Unión Europea el segundo socio comercial de Colombia y su primera fuente de inversión extranjera directa, ni en la Unión Europea ni en Colombia misma, hubiese conciencia de la importancia de un relacionamiento estratégico como el que ese bloque tiene con Chile o con México. Pero la vida le daría luego esa oportunidad gracias a la visión del Presidente Iván Duque.

Nombrado Canciller por Duque, uno de los primeros viajes oficiales fue precisamente a Bruselas para reconectar a Colombia con la agenda positiva de la Unión Europea. En enero de 2019 le pidió al Embajador Felipe Garcia que diseñara el plan. Dos meses más tarde Trujillo y Garcia se encontraron para cenar en Bruselas. Trujillo amaba Bruselas. Cuenta Garcia que de camino a un restaurante favorito de Trujillo, le pidió que pasaran primero por la Grand Place y en medio de ella, mirando hacia el cielo le dijo: “definitivamente esta es la plaza más linda del mundo”.  De la cena salió una respuesta de Trujillo al plan de Garcia: “lo que digas Felipe, así sea una firma en una servilleta, pero sácale la firma a los europeos” 

Seis meses más tarde vendrían los cambios quinquenales de las autoridades europeas y el último viaje de la Alta Representante Federica Mogherini a Suramérica, viaje en el que debían asegurar que se incluyera Colombia. Era su tercer -y por supuesto último- viaje a Colombia en 5 años de mandato.  Ya para entonces, la crisis venezolana tenía proporciones dantescas y en Europa no estaban ni enterados. ACNUR, por su parte, no tenía la emigración venezolana entre el top 5 de los fenómenos migratorios a nivel mundial a pesar de que en números representaba la segunda migración más grande de la historia reciente después de la Siria. Fue entonces cuando se acordó que esos serían los dos temas centrales para esa visita.

El Presidente Duque le propuso a Federica Mogherini que se hiciera en Bruselas una primera conferencia de solidaridad con los migrantes y refugiados venezolanos y que se consignara en un solo documento la profundización de la relación con la Unión Europea para la próxima década.

Mogherini le compró a Duque las dos propuestas. Y así ocurrió porque ya había una Unión Europea con otra disposición y otra mirada sobre Colombia. 45 días después se estaba celebrando la Primera Conferencia de Solidaridad con los Migrantes y Refugiados Venezolanos, la cual sirvió para que ese lado del mundo adquiriera conciencia de la dimensión de lo que estaba empezando a pasar a este lado del mundo. A esa primera conferencia han seguido dos, una copresidida por la misma Unión Europea y España, y otra, la más reciente, organizada por Canadá. Esa fue la última vez que Trujillo estuvo en su querida Bruselas. Poco después sería llamado por el Presidente Duque para ocupar la cartera de Defensa, la cual ocupó hasta su muerte.

Pero el periplo de la servilleta arrancó. Cuentan que fue objeto de envidias en la Región y tuvo enemigos de todos los pelambres, aún dentro del mismo gabinete de nuevo Alto Representante, de quien se sabe a ciencia cierta que no quiere ni a los Estados Unidos de América, aliado incondicional de Colombia, ni a Israel. En medio de su trámite, además, llegó la pandemia, la cual la retrasó aún más porque las instancias de decisión en las instituciones europeas espaciaron increíblemente sus reuniones y por supuesto cambiaron prioridades para atender la crisis de la pandemia.

Finalmente y contra viento y marea, en enero de 2021, el Consejo Europeo aprobó el Memorando de Entendimiento, un mes después de haber también aprobado un memorando de entendimiento con Colombia para cooperación en temas verdes, energía limpia, lucha contra el cambio climático y protección de la biodiversidad, agenda positiva de futuro entre el bloque y Colombia en la que también se venía trabajando desde 2019. Pocos días más tarde murió Carlos Holmes.

La siguiente visita del Presidente Duque a Bruselas se proyectó hasta junio por las mismas dificultades que generó la pandemia. Faltando 15 días para que el Presidente viajara, los compromisos de la Comisión Europea con el Plan de Recuperación europeo para la post-pandemia forzaron un nuevo aplazamiento de la visita. Por esta razón se decidió suscribirlo en el marco de UNGA en Nueva York durante la reunión bilateral que la Presidente de la Comisión solicitó al Presidente Duque en la tercera semana de septiembre de 2021, la misma semana en la que Carlos Holmes habría cumplido 70 años de edad.

Más que una linda coincidencia, es un anhelo cumplido; es un homenaje póstumo a quien tanto hizo por Colombia en Europa y un regalo para Colombia de su diplomacia y la visión del presidente Duque.    

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 28 de 2021