Los computadores de Raul Reyes, son un cadáver ambulante. Se nos pierden por momentos, pero reaparecen, cíclicamente, con nuevos bríos. 

En 2011, Chávez y Juan Manuel Santos pactaron “pasar la página”, que en cristiano traduce olvidar esos archivos, enterrarlos; pero la vida, una vez más, ha demostrado que “una cosa piensa el burro y otra el que lo está enjalmando”. Ahí están volviendo a salir a la luz, con la misma fuerza o más que la que tuvieron el día que el mundo supo de su existencia. El presidente Uribe e investigaciones que han hecho Los Irreverentes, muestran que esa información fue, es y será indispensable para entender y enfrentar la coyuntura política colombiana y latinoamericana. 

La historia del manejo o recorrido de los archivos es tan apasionante como los propios contenidos. De hecho, esos contenidos terminarán siendo simples anécdotas de la historia de Colombia, pero, el camino recorrido por unos computadores que contenían la historia de una organización terrorista que asoló a Colombia por décadas y sus vínculos con el terrorismo mundial -mediado por el narcotráfico como fuente de financiamiento-, tiene que terminar en las páginas de una gran novela de intriga y misterio y en las imágenes de una película protagonizada por ganadores del Oscar.

El protagonista, como descubrirá fácilmente el futuro novelista, nunca estuvo bajo reflectores. Sergio Jaramillo era el Viceministro de Defensa del gobierno del presidente Uribe. Él se apropió (podríamos decir) de los ocho computadores -8 equipos electrónicos con más de 600 gigabaytes de información-. Hábilmente los tomó para sí, logró su control estratégico. Me explico. Jaramillo, desde su posición de viceministro de confianza de Santos, permitía que circularan aisladamente los datos de inteligencia que no podían ser ocultados a las fuerzas, por la gravedad de sus efectos (la evidente alianza y financiación del gobierno de Chávez a las Farc; el apoyo recíproco Frac-Gobierno de Correa en Ecuador, etcétera). Pero el estudio sistemático, integral de la información, se lo reservó Jaramillo para sí. Por eso, a pesar de que la inteligencia de la Policía recibía  los datos que le correspondían, igual que la inteligencia del ejército o la cancillería recibían también información cuando era pertinente, al estudio integral de los archivos solo tuvo acceso Jaramillo.

A mediados de 2009 coincidí con él en San Salvador. El anfitrión era el ex presidente Cristiani. Jaramillo habló de los archivos de Reyes como un pastor se refiere a las escrituras: como textos intemporales y abstractos; como documentos que bien usados podían conducir a la paz y mal usados, a la guerra. Según él, la información de los computadores demostraba la conveniencia (necesidad) de “soluciones políticas”, dada la evidente capacidad de las organizaciones armadas de desestabilizar la política continental. 

Ese día, a dos mil kilómetros de Bogotá, vine a enterarme de que los archivos de Reyes ya no eran material de trabajo de las tropas, de la justicia y del gobierno colombianos, sino que habían sido entregados al International Institute for Strategic Studies [Instituto Internacional de Estudios Estratégicos] de Londres y, asómbrense, mediante un contrato comercial para procesamiento y publicación por parte de ese centro de estudios. 

Ladinamente, Jaramillo consiguió donaciones privadas para financiar el trabajo de sistematización y publicación de los archivos. Hoy, conociendo mejor sus malas artes, sospecho que lo hizo para poder controlar a su antojo el flujo de la información y quitarle al Estado colombiano su propiedad intelectual. Habrá que averiguarlo, por si se quiere reeditarlos y ponerlos a disposición del público en la red.

Un año después de ese encuentro en El Salvador, Jaramillo ya era el flamante Alto Comisionado de Paz del presidente Santos. Los archivos, convertidos en “material académico”, le sirvieron para planear y adelantar su trabajo de diálogo, negociación y alianza con las Farc.

Cuando, por fin, se publicaron comercialmente (en inglés y español, archivo electrónico incluido, mayo de 2011), ya Santos y Chávez habían “acordado pasar esa página”, la Corte Suprema de Justicia de Colombia había dicho que no esos hechos de la vida real no existirían para la vida judicial y, asómbrense otra vez, todos los protagonistas de la Farc política, es decir, de los archivos Reyes, comenzando por Maduro y Correa, pero siguiendo con Piedad Córdoba, Iván Cepeda y demás amigos de las Farc, eran los nuevos mejores amigos de Sergio Jaramillo.

Los archivos Reyes, que pudieron ser una herramienta para rematar la tarea de desvertebrar a la organización terrorista, en manos de Jaramillo y Santos fueron instrumento para facilitar una alianza política con las FARC, incluido el pacto de que llegaran al congreso. 

Y, claro, si usted lector quiere conseguir una copia de esos archivos, se encontrará con la novedad de que el Instituto que los recibió de manos de Jaramillo, ya los retiró de circulación por órdenes de su dueño, Sergio Jaramillo, para gloria y memoria de Chávez, Santos, Timochenko e Iván Márquez. 

Lo dicho no quiere decir que se hayan salido con la suya. Cuando el presidente Uribe citó esta semana los benditos archivos y se pudo comprobar que habían desaparecido de las librerías y de la página del instituto depositario, algunos, entre ellos este servidor, logramos recuperar los pocos ejemplares ofrecidos en Mercado Libre. Es decir, los archivos vuelven al ruedo.

@JOSEOBDULIO

Publicado: mayo 25 de 2020