Sergio Fajardo Valderrama es tal vez el referente político independiente de los últimos 20 años en el espectro nacional. Sin lugar a dudas su elección como alcalde de Medellín en el año 2004 y posteriormente de Gobernador de Antioquia (2012) lo ubicaron como referente y modelo para dar batallas locales y regionales contra las tradicionales casas políticas que han regentado alcaldías y gobernaciones. Su primera elección fue un golpe contundente a la poderosa clase dirigente representa en diferentes sectores políticos tradicionales de Antioquia, y también para prestantes e influyentes dirigentes gremiales e industriales. Su prestigio como exalcalde le permitió ser formula vicepresidencial de Antanas Mockus en las elecciones del 2010, generadores de un pico de opinión inusual en redes sociales llamado “ola verde” y que alcanzó a despertar entusiasmo entre los electores que creían que podían derrotar al candidato del Presidente Uribe, Juan Manuel Santos.  Fajardo reúne unas características particulares que le hubieran permitido ser en estas elecciones un fenómeno que desbordara el contexto nacional: matemático, académico, profesor, conferencista, irreverente, y físicamente bien plantado. Pero el momento político y nacional que estamos viviendo le paso cuenta de cobro y de qué manera. Fajardo paso en escasos meses de ser un candidato fuerte y líder de las encuestas a ser el tercero en el pelotón y tal vez en primera vuelta el cuarto en los resultados finales y reales del 27 de mayo.

Y nos es para menos o por cosas circunstanciales que Sergio Fajardo está en esta crisis electoral. Los líderes adquieren respeto y admiración y ganan elecciones coyunturales cuando son capaces de autodefinirse y mostrar el rumbo a seguir en momentos de confusión y saturación, características ausentes en la figura de Sergio Fajardo. Sergio Fajardo y sus asesores creyeron que podían pasar de agache en temas trascendentales y espinosas de la vida nacional. Los ciudadanos les queda difícil conocer o recordar cual fue la posición de Fajardo en el plebiscito y su posterior desarrollo. Los ciudadanos desconocen cuál es su posición frente a los temas económicos neurálgicos para el futuro de los colombianos. Los ciudadanos no saben con exactitud cuál es la posición real, clara frente a los acuerdos de La Habana, la Jurisdicción Especial para la Paz, y la posibilidad de extraditar integrantes de las FARC. Los ciudadanos no saben con claridad cuál es la posición de Fajardo frente a temas sensibles pero fundamentales para el universo cristiano como el aborto, eutanasia, adopción y matrimonio de parejas del mismo sexo. En fin, los ciudadanos no saben que representa Sergio Fajardo.

Un líder que aspira a ser Presidente de Colombia no pude concentrar su atención en definir su plataforma programática en que esto no se puede definir entre Uribe y Santos o entre Duque y Petro. Sergio Fajardo es incoherente, flojo y gelatinoso a la hora de definirse y definir los temas de Estado. Sergio Fajardo no es antagónico, no asume posiciones, no asume batallas democráticas, por el contrario, termina siendo siempre intrascendente en los debates y temas nacionales. De igual forma los ciudadanos no le perdonan que después de cacaraquear independencia política hubiera terminado sometido a los propósitos políticos del Polo Democrático y del Partido Verde.

Para resumir quien es Fajardo, solo se necesita ver y escuchar su mensaje central de campaña en los comerciales emitidos por los medios de comunicación, “un profesor, un profesor, un Presidente profesor”. La gente, los ciudadanos, los electores estamos esperando un Presidente de verdad, de esos que saben dirigir el barco en las peores tormentas.

@LaureanoTirado

Publicado: mayo 7 de 2018