Una de las tantas fatales consecuencias del acuerdo de La Habana y de la debacle del aparato judicial colombiano, ha sido el tema de la impunidad. Esta ha propiciado el gran auge delincuencial que vive hoy la nación colombiana. Convirtiéndose en una actividad económica muy rentable y en una disciplina muy lucrativa y hasta honorable. Que se resume en una frase que ha hecho carrera y se ha convertido en el lema de la profesión: “ser pillo paga”. Y paga tanto y vale la pena tanto, que los delincuentes están imponiendo la agenda del país. Como se dice en el mundo de los tahúres; “tienen la talla”. Y como dicen en cualquier esquina del barrio; “están mandando la parada”.

Todos los días aparecen como si fueran estrellas del “star system”, y con tanto peso que están cambiando las reglas de la ética y relativizando la moral. Por ejemplo que el presidente Santos diga mentiras todos los días al pueblo que gobierna pertenecen al imaginario popular y es parte de la vida cotidiana de la nación. Comportamiento este que ya hace sentencia y tiene fuerza de ley, confirmadas por expresiones populares que dicen;”si el presidente puede yo también puedo”. Pero el desastre ha llegado a su máxima expresión cuando una frase de un bolero Caribe; el quizás, quizás, quizás del guerrillero genocida Santrich se convierte en el eslogan y la marca de la impunidad. En Colombia uno puede reír y cantar después de cometer un crimen, y seguir tan campante como Johnny Walker.

A partir del perdón a los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la guerrilla de las Farc, el sentimiento general indica que puedo ser perdonando así haya cometido el peor de los delitos.  Y a partir de esta lógica, la gente, el pueblo se dice para sus adentros; puedo hacer lo que me dé la gana y puedo ser perfectamente perdonado. El derecho a la igualdad les indica; “que todos en el suelo o todos en la cama”. Si a las Farc se le perdona, porque no a otros se les puede también perdonar.

Así que la delincuencia, que se ha disparado a niveles insoportables, se ha dado cuenta que no solo pueden delinquir sino que pueden imponer la agenda de como se les debe juzgar y como los debe tratar la sociedad. Es el típico caso de “los pájaros tirándole las escopetas”.

@rodrigueztorice

Publicado: julio 13 de 2017