Ayer celebramos el Día Internacional de la Mujer para reivindicarla y darle el justo lugar que le corresponde en nuestra sociedad. El hecho de que tengamos un día destinado a nosotras por el sólo hecho de ser lo que somos en un acto de azar en el momento de la concepción no deja de sorprenderme. El absurdo radica en que, teniendo las mismas capacidades que el hombre, la mujer ocupó y en algunos casos sigue ocupando un segundo lugar detrás del mismo. Hasta hace poco las mujeres carecíamos de los más mínimos derechos como el de elegir y ser elegidas. Después de años de lucha hemos logrado ocupar muchos de los espacios destinados a los hombres, con la desgracia de que no hubo reciprocidad. La mujer salió de la casa a producir, pero el hombre no entró a la casa a ayudar.

Sin embargo, en medio de todas las dificultades, esos probelmas palidecen en comparación de las mujeres cabeza de familia. Que en Colombia tengamos uno de los mayores índices a nivel mundial de mujeres cabeza de familia no es casualidad. Nuestra sociedad es muy machista y el machismo da para todo, inclusive para hacerles creer a los hombres que pueden llegar, engendrar vida y desaparecer como Mandrake. Esas mujeres que se ocupan de criar solas a sus hijos merecen toda la ayuda que les podamos dar porque esos niños son el futuro de nuestro país y la garantía de una mejor sociedad. Esas mujeres se enfrentan a un mercado laboral difícil en el que en la mayor parte de los casos reciben hasta el 9% menos de salario por hacer la misma labor de un hombre. Además de los problemas en el mercado laboral, cada vez hay más mujeres víctimas de la violencia de género y el maltrato intrafamiliar.

Les voy a contar algo: en algún momento de mi vida fui víctima del maltrato intrafamiliar. Lo que sucedió quedó consignado y prácticamente enterrado entre los miles de folios de la Fiscalía especializada. Recuerdo perfectamente el día que el Fiscal me dijo que lo mejor que podía hacer era conciliar mientras me señalaba con su boca los centenares de carpetas empolvadas y regadas por toda su oficina. Yo concilié porque quería dejar atrás ese nefasto episodio de mi vida y no quería revictimizarme sufriendo por la inoperancia de nuestra justicia. Después de lo sucedido tomé la determinación de quitarme la consigna de “víctima”, me rehusé a cargar con ese adjetivo porque eso no está en mi ADN. Lo que sí está en mi ADN es mi capacidad de levantarme, reinventarme y empoderarme. Al final de cuentas tenía una hija a la que le debía el mejor ejemplo de determinación para sacudirme y cambiar mi destino.

En este momento, como muchos de mis lectores lo saben, soy candidata al Senado por el Centro Democrático y el deseo más grande que tengo es el de representar a la mujer en el Senado porque los más grandes problemas que tenemos: la violencia de género, la desigualdad laboral y la crisis de las madres cabeza de familia se tienen que abordar desde el Congreso de la República. En el caso de la violencia son muchos de los factores que la propician. La falta de educación desde la temprana edad y la justicia inoperante que le promete impunidad al agresor son temas que tenemos que abordar desde el legislativo. Tenemos que crear políticas serias para que nuestros niños aprendan desde muy pequeños que las mujeres no somos seres débiles que podemos ser ultrajados e irrespetados, sino que en realidad somos sus pares a las que se nos debe todo el respeto y buen trato. Las leyes contra el maltrato de género pueden ser adecuadas, el problema es que no se aplican. La justicia está congestionada y tenemos que encontrar la fórmula para que se les den trámite a los casos de manera rápida y contundente. Los hombres tendrán que entender que ser maltratadores no paga. Para el caso de la inequidad laboral propongo que les demos exenciones tributarias a las empresas que contraten a las mujeres cabeza de familia, eso sí, con el mismo salario de los hombres y con políticas pro-hogar. Es decir, que los empleadores tienen que ser comprensivos con la particular situación de una mujer que tiene a su cargo una familia y darles los permisos necesarios para atender los asuntos de sus hijos. Fomentemos el trabajo en casa, lo cierto es que la tecnología lo permite. Necesitamos una mejor sociedad, y esa mejor sociedad está en esos niños que necesitan amor y protección.

Concluyo haciéndoles un llamado para que, pasado mañana, 11 de marzo, elijan bien, estudien minuciosamente a sus candidatos y escojan a esa persona que los representa de verdad. Alguien que ustedes podrían ver como su amigo, alguien con quien ustedes se sentirían cómodos dejando a sus hijos. Lo cierto es, que muchos le dedican más tiempo eligiendo un nuevo par de zapatos que a la persona que va a dirigir a su país. Si deciden honrarme con su voto, me encontrarán en la casilla número 56 del Centro Democrático.

@ANIABELLO_R

Publicado: marzo 9 de 2018