Cada día que pasa se ven los tiempos más apretados para lograr este año la reforma estructural que tanto necesita el país, primero porque depende del plebiscito, y segundo porque no hay de dónde más coger recursos que del aumento del IVA, impuesto muy impopular y que seguro va a golpear la favorabilidad del gobierno.

Desde que empezaron las negociaciones de paz en La Habana los criminales de las Farc  han sido los que han manejado los tiempos a su antojo y, a cambio de esto, han logrado que el gobierno les entregue concesiones que antes se consideraban inaceptables. Para ellos que han vivido en el monte, y que nunca han tenido horario de trabajo, los tiempos y los plazos no existen.

Hay dos temas para las Farc que son fundamentales: la amnistía general a todos sus miembros y la eventual liberación de alias Simón Trinidad, para lo que deben seguir presionando los gobiernos colombiano y estadounidense. Mientras estos dos puntos no tengan una solución clara, la firma del acuerdo final se va a demorar. Esto hace más probable, cada día que corre, que el plebiscito sea en el 2017.

Mi recomendación al gobierno Santos es darse el lapo y mandar el plebiscito para el año entrante. Después de cuatro años, y de haber incumplido tantas fechas, esperar seis meses más es manejable y así podrían dedicarse de lleno a hacer la reforma tributaria que necesita el país. Es sumamente importante para el país estabilizar las finanzas públicas, dar parte de tranquilidad a los inversionistas extranjeros y a los tenedores de deuda.

Sabemos que, dadas sus características, nuestro presidente estará apostando a lograr las dos cosas este año; primero el plebiscito, y después la reforma. Sin embargo, el país no es una mano de poker, y llegó el momento de ponerlo por encima de los caprichos personales.

Al final, el P y G de un país es igual al de cualquier empresa. Así se tenga el mejor producto, el más innovador o las mejores ideas; es necesario tener un presupuesto, tener los recursos necesarios para el lanzamiento, la promoción, la gestión etc.

Acuérdese presidente que el país tiene una cantidad de problemas adicionales al conflicto armado. Es más, las últimas encuestas muestran que el colombiano tiene más preocupación por la economía, el delito urbano, el desempleo, la educación y la salud que por el proceso de paz. Entonces tráigase otra vez a los ministros de La Habana y póngalos a trabajar en lo que se supone que saben.

 

@SANTAMARIAURIBE