El jueves, temprano, el ex congresista chocoano Odín Sánchez Montes de Oca regresó a la libertad. Estuvo en poder del terrorista Ejército de Liberación Nacional (ELN) durante 305 días. Llegó viejo y enfermo y, seguramente contra su voluntad, le tacó salir a decir a la prensa que fue bien tratado por los guerrilleros durante infame su cautiverio.

“Del trato no tengo ninguna queja… Nunca me han amedrentado con un fusil”, indicó el exparlamentario.

Uno entiende que la gente le tenga miedo a la guerrilla por aquello de que el ose criticarla puede terminar muerto o secuestrado o extorsionado. Pero es difícil digerir el comentario del doctor Odín Sánchez cuando todo el mundo sabe que el secuestro es uno de los peores crímenes sino el que más.

Para empezar, no sobra recordar que el ELN se cebó con la familia Sánchez Montes de Oca. Primero secuestró al exgobernador de Chocó Patrocinio Sánchez y lo mantuvo retenido durante 32 meses. Cuando los elenos vieron que el hombre se les iba a morir en la selva, aceptaron que su hermano Odín Sánchez se canjeara por él.

Entonces los guerrilleros continuaron con la presión para que los Sánchez Montes de Oca pagaran por el secuestro. No está claro cuánto dinero entregaron a los plagiarios, pero fueron varios cientos de millones de pesos que recogieron a punta de rifas.

Y de encima a la retención ilegal, los principales cabecillas del ELN empezaron a regar la especie de que a Odín Sánchez se le estaba adelantando un juicio revolucionario por corrupto. Esa sindicación fue negada por Odín Sánchez apenas fue liberado y de inmediato desmintió el tema del supuesto juicio. ¿En cabeza de quién cabe que unos criminales como los del ELN tengan autoridad para llevar a cabo juicios contra civiles?

Pues bien, mis queridos lectores, hay “buenas noticias” para todos nosotros: el gobierno del presidente Juan Manuel Santos va a adelantar con los caballeros del ELN un proceso de paz similar al que a la brava nos impuso con las Farc.

No importa que los llamados elenos sean asesinos y secuestradores. El tema es que Santos tiene que portarse a la altura de un Nobel de paz; no importa que al final el perdedor sea el país.

Para el mandatario lo fundamental es que en el exterior lo adulen; no importa que los colombianos lo tengan en una impopularidad superior al 70%. En la mente del jefe de Estado solo importa quedar en el lente de Ruven Afanador; no importa que en Colombia reciba rechiflas por donde pasa.

Tan caído está Santos con el colombiano del común que ni siquiera el Nobel de paz levantó su imagen. Aquí todo el mundo tiene claro que la adjudicación de tan importante premio no fue clara.

Tan poco clara fue que Santos perdió el control en Oslo, la capital noruega, cuando una conspicua periodista de RCN Televisión le preguntó: “Señor presidente, ¿qué les dice usted a sus oponentes… que han dicho que el premio Nobel de paz se compró por intereses petroleros de Noruega?”.

Santos no tuvo inconveniente en vaciar a la comunicadora por la supuesta pregunta imprudente. Y eso que él se juaga la boca cada que puede diciendo que es periodista. Y eso que el regaño provino de un Nobel de paz.

Estoy seguro de que ese tipo de cosas no las hubieran hecho personajes de la talla de Henri Dunan, Martin Luther King, la Madre Teresa de Calcuta o Nelson Mandela. Creo en cambio que sí las hubieran hecho polémicos ganadores del Nobel de paz como el argentino Adolfo Pérez Esquivel o la guatemalteca Rigoberta Menchú.

Y hablando de Nobeles de paz, qué bueno que alguien nos explique de dónde salió la plata para alojar en la capital de la República a cerca de 30 de sus ganadores.

La Cámara de Comercio de Bogotá hizo la postulación en 2015. Para no ir muy lejos ni alargar mucho el tema, se trata de un encuentro de una treintena de lagartos internacionales que tienen como objetivo hablar bien de la supuesta paz en Colombia y por ende de Santos.

Me imagino cómo irán a ser las intervenciones de esos personajes cuando les pregunten qué opinan del hecho de que el 2 de octubre pasado casi 6,5 millones de colombianos les dijeron no a los puntos acordados en La Habana entre la administración de Santos y las Farc.

Me imagino que esos ilustres invitados a nuestro país van a decir que nada tan sagrado como la palabra del pueblo en las urnas. Me imagino también que van a criticar a Santos por el hecho de haberles hecho conejo a los colombianos y haber obviado los resultados del plebiscito.

@CancinoAbog

Publicado: febrero 3 de 2017