Muertos de risa, Santos y los jefes terroristas de las Farc se pasaron por la faja el resultado del plebiscito.

Ahí está el chocorazo de cuerpo entero. Como lo advertimos hace algunos días en LOS IRREVERENTES, habilidosamente el gobierno estaba carameleando a los líderes del NO mientras ajustaba por debajo de cuerda una nueva versión del acuerdo final con las Farc en el que claramente todos los asuntos por los que el primer acuerdo fue rechazado mayoritariamente en las urnas se mantienen intactos. (Puede leer “El carameleo”)

Sin llamarnos a engaños. Los temas gruesos por los que la mayoría ciudadana votaron a favor del NO en el plebiscito del 2 de octubre quedaron inmodificados. No se quería que el acuerdo fuera incorporado a la Constitución Política de Colombia. No se quería que los jefes de las Farc responsables de crímenes de lesa humanidad pudieran ser elegidos y ocupar cargos de libre nombramiento y remoción. No se quería que los delitos más graves quedaran impunes. Tampoco se quería que la denominada Jurisdicción Especial de Paz fuera una justicia que estuviera por encima de la justicia colombiana y los católicos y cristianos se oponían al enfoque de género del documento original.

Todo aquello quedó en el nuevo acuerdo.

Así terroristas y voceros del gobierno digan que hicieron un esfuerzo suprahumano para sacar adelante el nuevo acuerdo, lo cierto es que este documento de 310 páginas es, en esencia, una burla a la voluntad de 6.5 millones de colombianos que el 2 de octubre le dijeron NO al pacto firmado entre Santos y el terrorismo.

Resulta inadmisible que el Nobel de Paz Juan Manuel Santos intente meterle semejante zarpazo a la democracia colombiana al pasarse por la faja la voz de la mayoría ciudadana que le dijo NO a ese acuerdo. El de ahora es exactamente igual, con algunos cambios menores y ajustes puramente cosméticos.

La impolítica e imprudente decisión del gobierno en vez de tender puentes para el entendimiento nacional agudizará la polarización. Santos llegará a Oslo el próximo 10 de diciembre a reclamar su anhelado Nobel con un país totalmente radicalizado por cuenta de esta nueva trampa que ha hecho al imponer el acuerdo con las Farc desconociendo la voluntad del pueblo colombiano.

Dos razones aceleraron el chocorazo que acaba de hacer el gobierno. La primera y más poderosa: la victoria del candidato republicano Donald Trump en las elecciones de los Estados Unidos. Después del 20 de enero del año entrante, cuando Trump asuma la presidencia de su país, la actitud del gobierno frente al proceso de Santos con los terroristas de las Farc será totalmente distinta de la que ha observado el presidente Obama.

Si hasta ahora los Estados Unidos han respetado el proceso de paz, bajo la nueva administración, que llegó al poder enarbolando un discurso de mano dura contra el crimen organizado, el terrorismo y el narcotráfico, el enfoque será ostensiblemente distinto. Ningún observador político se imagina al presidente Trump retirando a las Farc de la lista de organizaciones terroristas que tiene el gobierno de los Estados Unidos, o promoviendo que se suspendan las solicitudes de extradición contra los cabecillas de esa organización que han emanado de distintas cortes federales. Mucho menos Trump firmaría un indulto presidencial a favor del jefe criminal alias Simón Trinidad.

Con ese panorama al frente, Santos sabía que tenía la obligación de correr y así lo hizo.

Otro factor que aceleró el nuevo acuerdo tiene que ver con un escándalo que Juan Manuel Santos quiere tapar al precio que sea: la delación que ha hecho el exdirector del CTI, Danny Julián Quintana sobre la forma como se hizo el montaje del denominado hacker para enlodar la campaña de Oscar Iván Zuluaga y de paso robarle las elecciones presidenciales de 2014 (Puede leer “La delación de Quintana”).

Pero, ¿los 6.5 millones de colombianos que votaron por el NO se quedarán cruzados de brazos mientras en sus narices el gobierno y los terroristas de las Farc se pasan por la faja el veredicto popular? Vendrán días de aguda confrontación política que debilitará la ya menguada gobernabilidad del gobierno de Santos a la vez que la oposición se fortalecerá.

Ante el monumental fraude que se ha hecho no queda camino distinto que el de enfocar todos los esfuerzos con dos propósitos fundamentales: aumentar el número de congresistas del Centro Democrático en las elecciones parlamentarias y ganar la presidencia de la República en 2018.

@IrreverentesCol