En Villas del Rosario, Cúcuta, el pasado 7 de octubre se celebraron 200 años de nuestra primera constitución de 1821, Bicentenario, evento que contó con la presencia del presidente Iván Duque Márquez, mandatarios de la región, el presidente de la Corte Constitucional, doctor Antonio José Lizarazo, demás personalidades.

La importancia de dicha constitución, la cual consta de 10 capítulos y 182 artículos – la norteamericana tan solo 7, originalmente –  radica en que se ratificó el debate entre centralistas y federalistas.

En principio, el objetivo inicial del Congreso era el de enviar un mensaje de unión, organización y consolidación de un estado republicano, un nuevo orden político, social y económico con el fin de construir un cuerpo representativo para legislar de tal forma que se reunieron en Villas del Rosario 32 congresistas, la mayoría de ellos de origen venezolano, liberales, masones, de la línea de Rondón quienes luego le hicieron la jugadita a Bolívar cuando solicitaron la disolución de la Gran Colombia, idea apoyada por Santander, el mito de Santander.  

Al parecer, el tema de la jugadita no es solo del senador Macías.

El Congreso de Cúcuta, fue elegido por medio de un sufragio restringido que excluyó a la mayoría de los habitantes de la población recientemente liberada de tal forma que se podría decir que los primeros constituyentes fueron elegidos a dedo.

El clima de opinión política de la época era esencialmente liberal, decimónico.

El Vicepresidente Santander, a pesar de ser designado por Bolívar, también le hizo la jugadita al libertador.

En efecto, mientras que Bolívar terminaba de liberar a los demás países, los liberales, en cabeza de Santander, quienes eran minoría influyente pero de todas maneras una minoría, cuando proponían cambios traspasaban los límites de lo aceptable provocando casi siempre reacciones más o menos violentas (Ver Bushnell, 2016).

La jugadita de Santander consistió en que mientras Bolívar estaba en el campo de batalla, la emprendió en contra de todo aquello que representaba la Iglesia Católica, como el fuero eclesiástico.

De tal forma que una de las reformas más significativas de impacto tanto económico, como religioso, según el profesor Bushnell, fue la liquidación de monasterios que tuvieran menos de ocho residentes y la subsecuente confiscación de sus viene; fenómeno que tuvo las primeras repercusiones de violencia entre centralistas, federalistas, post independencia.

Durante el Congreso de Cúcuta, se trató básicamente de reformas netamente que buscaban ampliar la esfera de la libertad individual en asuntos políticos, económicos.

Según el presidente de la Corte Constitucional, el cucuteño Lizarazo: Con esta constitución, se redactaron las ideas más avanzadas de nuestra constitución, se crearon los tres poderes que gobiernan a nuestra nación: Legislativo, ejecutivo, judicial, las bases de nuestra constitución política, Estado de Derecho, derechos civiles.

A su vez, Álvaro Gómez Hurtado comentó que: La enumeración de los derechos en distintas categorías brotó insosteniblemente, porque todos se consagraron sin resistencia, ya que seguramente, no podían ser rechazados.

Así las cosas, esos derechos que quedaron consagrados en dicha constitución eran simples expresiones o anhelos de libertad y otros constituían otorgamientos de privilegios inalcanzables.

Teniendo en cuenta lo anterior, bien valdría la pena, 200 años después, preguntarnos para qué ha servido la constitución de 1821 y si se puede gobernar en tiempo presente.

¿Somos una nación libre, independiente y soberana?

¿Podríamos decir que la Nación, como fue concebida, no es, ni será patrimonio de ninguna familia o persona?

Retomando a Gómez Hurtado, con la proliferación del derecho se buscó entregar unas garantías efectivas donde la justicia fuera la madre, el ente rector, de nuestra forma de vida.

Se buscó, crear una serie de protecciones al ser humano como tal con una malla de congruentes limitaciones para el ejercicio de autoridad y con un sinfín de capacidades inhibitorias de arbitrariedades en la forma de aplicar y ejercer la justicia.

Desde la constitución de 1821, en materia del ejercicio del Derecho somos más santanderistas que el mismo Santander.

Sin embargo, el término del ejercicio del deber es prácticamente inexistente.

Bien, valdría la pena preguntarnos si en pleno siglo XXI podemos gobernar con los derechos que tenemos consagrados en nuestra maltrecha constitución, sobre todo la de 1991.

Hoy, no se puede gobernar porque, precisamente, nadie quiere cumplir con su deber de ser un buen ciudadano, tener un Estado eficiente, contar con una justicia porque un país sin justicia es un país sin esperanza, como bien lo planteó Álvaro Gómez Hurtado, frase premonitoria.

Puntilla: Mientras tanto, sombrero Castillo renovó a todo su gabinete con menos de 70 días en el poder. Qué larga será la noche peruana.

Rafael Gómez Martínez

Publicado: octubre 12 de 2021