La partida de Fabio Echeverri Correa deja un gran vacío, no solo en su esposa Elena, su hijo Luis Guillermo, sus nietos María, Rafaela y Emanuel, sino en sus amigos de siempre y en todos aquellos a los que guio y asesoró en muchos temas de la vida.

Pierde mucho Colombia, porque era de esos líderes que permanecen en el tiempo y a los que todos los estamentos del país respetaban y hasta podríamos decir, temían. No tenía pelos en la lengua para decir clara y contundentemente lo que pensaba. Muchos eran sus argumentos. Lo que Fabio Echeverri decía, siempre generaba conmoción por su fuerza, por su total convencimiento sobre lo que hablaba. Si no sabía del tema, decía que no lo conocía y no se pronunciaba. No jugaba al sabelotodo.

Tenía un carácter fuerte, que muchas veces no dejaba ver la persona tan generosa y amorosa que era. Una oveja vestida de lobo. Vi como lo querían sus empleados, la mayoría tenían muchos años trabajando con él.  Se preocupaba mucho por su situación personal y económica y los apoyaba siempre. Los que por cualquier motivo se retiraban, mantenían su cercanía.

Se entregaba a sus causas y las sacaba adelante, así como hacer de la Andi, cuando fue su presidente, una entidad con fuerza, respetada por todos los sectores, y nunca complaciente con el gobierno, a menos que se tratara de temas que le servían a Colombia y a los industriales. Jamás se sometió a nadie.

Su gran obsesión fue sacar la Clinica Shaio adelante. Lograr eso en este país donde las salud es irrespetada por el gobierno y por todos los sectores que tienen que ver con ella. De hecho como sabemos, es uno de los focos de corrupción más grande de Colombia.

Me tocó trabajar con él, desde comienzos del año 2001, cuando tomó las riendas de la primera campaña del expresidente Álvaro Uribe. Desde que llegó puso orden, se esmeró porque todos los integrantes de la campaña y la organización de la campaña en sí, fueran transparentes, claras y por encima de todo llenas de honestidad. Permanentemente lo repetía y lo ejercía. Esto hacía que trabajar con él diera mucha tranquilidad.

También manejó la reelección del 2006, con igual transparencia y orden. Sus cuentas siempre fueron impecables. Jamás generaron en los organismos de control dudas o investigaciones.

Durante su paso por la Presidencia primero como asesor en Casa de Nariño y después desde afuera, siempre que yo tenía dudas lo llamaba, respondía con generosidad y siempre a tiempo. No dudaba nunca en decir no o si. Nunca titubeaba y siempre iba al punto. Algunas veces no estuvimos de acuerdo y recuerdo que me decía: mientras no te equivoques sigue adelante pero no dejes de reflexionar.

En lo personal adoraba su finca, la que disfrutaba plenamente. Sus caballos, sus sembrados le hacían agradable la vida, además de generarle ingresos.
Sus amigos lo adoraban y él se los devolvía con creces. Desde que decidió quedarse en su finca y no venir a Bogotá, todos íbamos a visitarlo y pasábamos delicioso. Era fiestero, buen bailarín y melómano. Los boleros eran sus favoritos.

Fumó como loco, no respetó su salud y abusaba de ella. Todos permanentemente le decíamos que se cuidara. Poco caso hacía. Tuvo varios episodios graves de corazón y pulmón, lo que deterioró su salud.
Vivió su vida como quiso, muy auténtico y con un físico fuerte y era muy buenmozo de joven. ¡Muy!

Lo recordaré como un apoyo muy grande en mi vida, le estaré eternamente agradecida. Paz en su tumba.

P.D. A muchos nos hará falta Fabio Echeverri, a unos pocos les generará tranquilidad su muerte. Se les fue quien no los dejaba actuar en contra de Colombia.

@AliciaArango

Publicado: noviembre 1 de 2017