Uno de los argumentos para evitar la marcha hacia Bogotá de la MINGA fue el peligro que representa para la población la movilización de más de 10 mil indígenas desde el Cauca hacia la capital en medio de la pandemia y por cinco departamentos; y cuando se alerta por parte de las autoridades sanitarias y de la misma alcaldesa Claudia López un inminente rebrote del virus.

Preservar la salud de la gente está por encima de cualquier aspiración comunitaria o política, eso no debería estar en discusión y menos deberíamos estar presenciando la MINGA ni ninguna otra movilización o activada masiva que atente contra la sanidad pública, pero eso es pedir mucho en un país de díscolos.

Lo correcto y legal por parte de alcaldes y gobernadores es que paralelamente preserven la sanidad de sus gobernados con medidas que permitan reactivar la economía escalonadamente manteniendo la bioseguridad, y prohibiendo rigurosamente cualquier acto o movilización que atente contra la sanidad pública. Pero eso son ilusiones y romanticismos por parte de quienes creemos que es posible que las cosas procedan correctamente.  

El gobierno nacional ha sido y es responsable, fiel y riguroso en el cumplimiento del mandato constitucional, implementa con rigor políticas asistencialistas y de prevención para mitigar los efectos de la pandemia en todos los órdenes y escalas, y sigue todos los días atendiendo el desarrollo del gobierno y de pandemia, tarea agotante y desestimulante si se revisa los activos políticos y estadísticos. Por eso es urgente que el gobierno pase la página de la pandemia, nadie les va a agradecer lo que hicieron en materia social y económica: tampoco nadie les reconoce que sigan preservando las formas y sigan siendo condescendientes con quienes los hostigan cotidianamente.

El manejo de la MINGA fue un total desacierto, no porque no hubiera puesto la cara para dialogar, lo hizo con anticipación y en exceso. Eso de enviar a Cali a medio gobierno nadie se lo reconoció ni se lo agradeció, por el contrario, fue un desacierto estratégico y político. La MINGA se debió enfrentar con una guerra comunicacional sin precedentes para que el país conociera y se le recordara que ninguna otra comunidad tiene derechos y privilegios como los resguardos indígenas.

Es increíble que el gobierno nacional con todas las herramientas y presupuesto a disposición se deje arrinconar semana tras semana por quienes fueron derrotados en las urnas, por quienes tiene los mayores privilegios por parte del Estado: profesores, estudiantes, indígenas, Farc, reinsertados, congresistas… Si en algo ha fallado este gobierno es en el arte de comunicar, en el instrumento más poderoso en tiempos de redes sociales y de inmediatez.

No se necesita de un programa diario de una hora para comunicar ni gobernar, se necesita contundencia en lo que se comunica, contundencia en el ejercicio de gobernar. No más condescendencia, el país se anarquiza señor Presidente.  

@LaureanoTirado

Publicado: octubre 20 de 2020