En un escalofriante artículo acompañado de fotografías, la revista Semana confirmó lo que desde el principio se ha sospechado: que Venezuela está brindando refugio a los cabecillas del brazo armado de las Farc, que se presentan como supuestas disidencias.

Desde que empezó la implementación de la política de seguridad democrática, la dictadura chavista se encargó de proteger a los más importantes cabecillas del terrorismo. El hoy jefe máximo de ese grupo terrorista, alias TImochenko, quien delinquía en la región del Catatumbo, vivió durante largos años en territorio venezolano. Lo mismo alias Iván Márquez, que se movía tranquilamente por Caracas de la mano del “canciller” de ese grupo criminal, Rodrigo Granda.

Era evidente que los actuales encargados de mantener activas las redes de terrorismo y narcotráfico en las Farc, Sántrich y Márquez estaban en Venezuela. De hecho, una de las grandes frustraciones con las que el ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo se fue a la tumba es no haber podido capturar a esos criminales, cuyos pasos están perfectamente monitoreados por los organismos de inteligencia y seguridad del Estado, esos mismos que pudieron confirmar la existencia de un plan diseñado por el propio Márquez para atentar contra la vida del senador uribista, José Obdulio Gaviria.

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Objetivo: matar a José Obdulio

Con las pruebas en la mano que ratifican que efectivamente la satrapía de Maduro está cobijando a los capos del narcotráfico de las Farc, mafiosos por los que las autoridades judiciales de los Estados Unidos ofrecen la multimillonaria recompensa de U$10 millones de dólares por la cabeza de cada uno de ellos, muchos han empezado a demandar acciones concretas por parte del gobierno del presidente Iván Duque Márquez.  

Lo cierto es que la posición del presidente de la República, respecto de la dictadura venezolana ha sido contundente y coherente con el discurso uribista.

Colombia ha sido el principal impulsador del denominado ‘grupo de Lima’ organización de la que hacen parte buena parte de los países de la región y que ha trabajado denodadamente para aislar al régimen antidemocrático que azota al pueblo venezolano.

Igualmente, una de las primeras decisiones que en política internacional adoptó el presidente Duque fue la de retirar a Colombia de Unasur, organismo multilateral diseñado a la medida de las necesidades del nefando ‘Socialismo del Siglo XXI’ y, a renglón seguido, promover la creación de ‘Prosur’, entidad que promueve la integración de los países suramericanos, partiendo de una defensa férrea de las libertades democráticas y la condena de aquellos regímenes que las irrespetan.

Resultan fuera de lugar las voces que alegan que el presidente Duque debe “romper relaciones diplomáticas con Venezuela”. ¿Cómo puede romperse lo que ya está roto? No hay un solo vínculo entre la Colombia democrática y respetuosa del Estado de Derecho y la Venezuela oprimida por la pandilla barbárica de Maduro, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, capos que llevan las riendas del vecino país.

Habrá entonces que acudir al multilateralismo. Que la OEA, una vez más evalúe estas nuevas evidencias. Así mismo la ONU, a través del consejo de seguridad, tiene que ponerle atención a la situación que, además de atentar contra los derechos nacionales de Colombia, pone en grave riesgo la estabilidad de la región y confirma que además de ser un ‘narcoestado’, Venezuela, como Cuba, se ha convertido en un refugio para terroristas internacionales que son, en efecto, una amenaza contra la humanidad.

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 8 de 2021