Los resultados electorales deben ser aceptados, leídos y administrados con suficiente frialdad para entender que en política no existen muertos políticos, y que quien ganó debe saber que tiene al frente la tarea más compleja, demostrar que es capaz de cumplir lo que prometió, de lo contrario, la victoria se convertirá en un infierno insuperable.

Esta máxima es lo que le puede estar sucediendo al Centro Democrático: sus avalados el pasado domingo pagaron los platos rotos de una fiesta en la cual no participan ni menos administran. El presidente Iván Duque, puede tener las mejores intenciones por recuperar y estabilizar la economía del país, fundamental y esencial para la vida de cualquier Estado. No ser responsable con las finanzas de un Estado es jugar con el patrimonio de miles y miles de ciudadanos que a través de empresas de todo orden se juegan todos los días sus capitales para generar empleo, desarrollo y mantener la dinámica de la economía que finaliza en el consumo.

Pero eso no lo entiende la gente de a pie, el ciudadano que vive en la informalidad, el campesino que sigue su batalla en medio de las dificultades del agro, el empresario que siente el incremento de los impuestos, y menos el joven que cree que el Estado está en el deber de subsidiarle absolutamente todo. Sumado a lo anterior, el presidente Iván Duque, le apuesta a un renglón de la economía que no es fácil de masticar por quienes tienen dificultades económicas o no tienen empleo o mano de obra calificada como es la “economía naranja”.

En Colombia existe un espectro del electorado que es de derecha, no necesariamente militante de un partido político, pero si rigurosa en sus pensamientos, ideología, forma de ver o actuar en la vida cotidiana, y que en las elecciones presidenciales voto por el presidente Duque, con el anhelo que los representará en el gobierno con esas ideas.

No tengo duda que la percepción, errores y la falta de claridad en las comunicaciones entre el presidente y sus gobernados paso factura de cobro en las urnas al partido Centro Democrático en las elecciones regionales. Todo no es responsabilidad de presidente Duque. El Centro Democrático es un partido nuevo, pero terminó tomando decisiones a la hora de definir sus candidatos con esquemas y lecturas de partidos viejos, anquilosados en la suma y resta, en el favor, en la coalición de avales antagónicos y no en ideas o propuestas; le tuvo miedo a la innovación, a la imaginación, a los nuevos liderazgos.

Se perdió, sí, pero no se desapareció. Quienes nos sentimos de derecha política esperamos que el Centro Democrático se salgan de ese facilismo de pretender quedar bien con todo el mundo, de proceder a toda hora cuando les toca tomar decisiones con conciliaciones, acuerdos, consensos, y que lean con mayor pausa a la gente; que no le pase al uribismo lo que le paso al partido conservador, terminó siendo un partido rural por esquivar los temas y problemas de las ciudades, los temas cotidianos.

Tengo la impresión de que ayer no ganaron los programas de gobierno ni la solución inmediata de las dificultades que enfrenta el ciudadano, ganó el odio, la fatiga, y la perturbación de masas que van y nos llevan al despeñadero por físico movimiento zombi.

@LaureanoTirado

Publicado: octubre 29 de 2019