Sería necio e ininteligente desconocer que hay muchas necesidades e insatisfacciones en el país. Las carencias son muchas. Las dificultades se agudizaron por cuenta de la pandemia.

Analistas y economistas expertos habían proyectado un importante crecimiento durante el gobierno de Duque. Los cierres decretados para evitar un contagio masivo, mandaron al traste los planes.

La Colombia de hoy tiene una prioridad: vacunar en el menor tiempo posible y evitar que el contagio siga creciendo y cobrando vidas.

La reactivación económica tomará más tiempo del revisto por cuenta del caos institucional que ha estimulado el socialcomunismo en cabeza del exterrorista del M-19, Gustavo Petro.

Pero la anarquía y el terrorismo no doblegaron al país. Es natural que millones de colombianos, en principio, sintieran temor por sus vidas. Las hordas de seguidores de Petro, pudieron intimidar, pero no derrotar a la sociedad.

Las marchas de Cali son muestra de ello. Miles de vallecaucanos, desesperados por la violencia, agobiados por el desgobierno tomaron la meritoria decisión de salir, no a confrontar a los bandidos, sino a caminar en silencio, pidiendo el retorno de la paz y la tranquilidad. La consigna es demoledora: “Déjennos trabajar”.

Muy equivocados estaban los antisociales. Uno de sus portavoces, el despreciable senador Gustavo Bolívar le hacía creer al país que la “revolución” era inatajable. Una vez más, el pueblo colombiano empieza a demostrar que unos pocos desadaptados no pueden acabar con él.

Al hacer una comparación, las diferencias saltan a la vista. Como lo expuso magistralmente el analista económico y columnista de este portal, Alberto Bernal: “En las marchas del sin adjetivo posible @gustavobolivar destruyen bancos, el transporte, tumban los semáforos y queman policías. En las marchas de la gente decente, les llevan flores a los policías. Lo de Petro y Bolívar es destrucción e indecencia. Lo nuestro es honestidad”.

Imposible hallar un razonamiento más claro. El pueblo empieza a despertar. En un lado, la canalla miserable, violenta, resentida y marginal. En el otro, la inmensa mayoría de colombianos honestos, trabajadores, juiciosos y responsables que, a pesar de los pesares, siguen creyendo en su país y no están dispuestos a permitir que los antisociales se los arrebate.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 26 de 2021