En agosto de 2012 el país se enteró, no por boca del gobierno sino por información que le llegó a Álvaro Uribe Vélez, que, Juan Manuel Santos, su hermano Enrique y Sergio Jaramillo estaban incursionando en unos diálogos con las Farc en Cuba para ponerle fin al conflicto armado en Colombia. Uribe también alertó que posiblemente el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, tendría un rol fundamental dentro de esas conversaciones. 

Tres ingredientes complicados se desprendían de esta información: el primero fue que para nadie era un secreto que Enrique Santos se había ganado el apodo del guerrillero del Chicó por su cercanía ideológica a la izquierda. El segundo fue la decisión de escoger a Cuba, un país comunista con vocación de colonialista ideológico para llevar a cabo esos diálogos iniciales y el tercero, que Hugo Chávez, el que durante tantos años albergó a las guerrillas colombianas en su territorio, tuviese un rol tan importante en el destino de la paz de nuestro país. Estos tres ingredientes de izquierda nos llevarían a la inevitable conclusión de que esas conversaciones no se llevarían a cabo entre contrapartes. 

Durante un tiempo Santos se negó a pronunciarse sobre la veracidad de la información que había proporcionado Uribe, pero el país sí percibía que la política de seguridad se había deteriorado ostensiblemente. Como consecuencia de esto se creó una sensación de urgencia entre la opinión pública que, sentarse a dialogar con unos bandidos de tú a tú y darles una categoría superior que los equipararía a la fuerza legitima del Estado, era aceptable e inclusive necesario. Para obligarle a un país a tragarse unos sapos tocaba convencerlo de que no había más opción. Y en eso Santos fue un maestro. 

Finalmente, cuando Santos aceptó que lo que decía Uribe era la realidad comenzó con un rosario de mentiras en torno al acuerdo con las Farc que culminaría en lo que hoy todos conocemos. Una de sus mentiras más grandes fue decirle al país que ninguna de las cabecillas de la guerrilla llegaría a cargos de elección popular. Para después decir que sí harían política y que tendrían todas las garantías para hacerlo pero que bajo ningún punto de vista tendrían curules a dedo. Ya sabemos que el acuerdo no solo les dio la posibilidad de participar en política a criminales de lesa humanidad, sino que les asignó 5 curules en la Cámara y 5 en el Senado. 

Una de esas curules, la Cámara por el Atlántico, le correspondió a Jesús Santrich, el comandante del Bloque Caribe y despiadado delincuente al que han tratado de hacer pasar por un viejito ciego que no podría matar ni una mosca. Ni viejito (51 años) ni tan ciego como nos han querido hacer creer, nada más miren sus dibujos y cartas con una caligrafía digna de una niña de colegio católico. 

Para acceder a su curul, como harán el resto de sus camaradas asesinos este 20 de julio lo único que Santrich tenía que hacer era no volver a delinquir a partir de la firma del acuerdo.  Sin embargo, como todos lo sabemos, Santrich no logró dejar atrás su vieja costumbre de delinquir y fue capturado con fines de extradición a los Estados Unidos por pretender traficar 10 toneladas de cocaína.

Hacer que se cumpla la ley y el acuerdo diseñado y suscrito por las Farc ha resultado ser un verdadero reto en el caso de Santrich. Hasta la fecha no lo han extraditado, no lo han logrado recluir como al resto de personas en igualdad de situación jurídica y ahora por últimas, las Farc han manifestado que Santrich se va a posesionar, pase lo que pase, como Representante a la Cámara. El proceso de “paz” que acordaron aparentemente no sólo les dio el derecho a hacer política, sino que también les aseguró la tranquilidad de poder seguir delinquiendo con total impunidad. Como barranquillera me siento indignada y como colombiana me siento preocupada. El boquete que dejó el acuerdo es enorme y los que pagaremos los platos seremos nosotros los atlanticenses con un Representante a la Cámara de ese calibre.  

Juan Manuel Santos le va a dejar una bandeja de chicharrones al presidente electo Iván Duque y uno de ellos es que Santrich y el resto del secretariado que se sienten por encima de la ley. Esperemos que uno de los primeros actos del nuevo presidente sea hacerle entender a Colombia que el que la hace las paga y extraditar a Santrich sería ejemplarizante.  

@ANIABELLO_R

Publicado:  julio 13 de 2018