Mafia es mafia, cartel es cartel, aquí y en cualquier parte del mundo. Si es necesario comprar congresistas, se compran los congresistas. Si es perentorio llenar de dinero los bolsillos de altos magistrados, nada hay que detenga esa operación. Si la única salida es quitar del camino un obstáculo incómodo, como por ejemplo una legislación que afecte intereses vitales y merme la rentabilidad del negocio, se organizan almuerzos y se citan los implicados directos en las decisiones judiciales que pueden definir el futuro inmediato de la operación: preservar el imperio del narcotráfico es la orden.

Porque, como mandan los capos, se debe seguir delinquiendo, traficando y envenenando a la sociedad en “paz” (Ojalá con el aval jurídico pertinente).

Y qué mejor que utilizar de escudo para adelantar tamaña tarea a un personaje de renombre, alguien que tenga en su haber un premio internacional, de esos que sirven para limpiar la cara de lo que jamás dejará de ser una porquería.

En Colombia a la gente le da miedo decir las cosas por su nombre, sin embargo, en el imaginario colectivo se eternizan preguntas que luego se transforman en argumentos de fondo dentro de los debates que giran alrededor de la vida nacional.

El encuentro que sostuvieron en el restaurante Bonaparte de Bogotá el expresidente Santos y los magistrados Linares y Fajardo, entre otros invitados, a la sazón cabezas visibles de la Corte Constitucional de Colombia, justo en el momento en que se decide la modificación de la legislación respecto del famoso glifosato, es interesante escenario para proponer algunas preguntas, de esas que pueden dar paso a reflexiones válidas, que en nada afectan el buen nombre de ninguna persona, pero pueden llegar a retratar el talante de su alma.

Así las cosas, señores comensales del Bonaparte, de antemano les damos las gracias por su cortesía, al acoger algunas preguntas. Vamos con calma, para que respondan tranquilos…

Preocupa que el profesor Santos abandone los salones de clase gringos para venir a conversar sobre glifosato con magistrados posesionados durante su mandato en la corte más importante del país: ¿alguna razón de Timochenko para ellos? ¿Un favor o una dádiva? ¿Requieren los números de cuentas bancarias ubicadas en algún paraíso fiscal?

Impresiona ver cómo la sofisticación y la diplomacia Nobel del cartel de las Farc, que es socio del cartel de los soles, se ha impuesto en su modus operandi. Gente divinamente es la que están usando como enlace político, caray…

Señor Santos, ¿cómo tapar lo que significó dejar de utilizar glifosato para combatir a las Farc, cuando en sus 8 años de gobierno los cultivos de coca y, por ende, la producción de cocaína crecieron exponencialmente? ¿Usted qué hizo para implementar una política eficaz en términos de sustitución de cultivos? ¿Nada? Los números lo dejan mal parado, y las propiedades que compró antes de dejar la presidencia hablan elocuentemente de las ganancias que, sospechamos, debió recibir por debajo de la mesa. ¿El sueldo que gana un presidente alcanza para comprar las mansiones que usted adquirió el año pasado? De veras, ¿usted de dónde sacó el dinero para hacerse a esas propiedades tan fastuosas?

Magistrados Linares y Fajardo, sabemos que el “cartel de la toga”, lejos de la prensa, sigue vivito y coleando. Andar almorzando con personas que hayan estado en el poder y que pueden estar involucradas en la defensa de intereses muy oscuros, no luce bien ni es correcto en una Democracia que respete la separación de poderes. ¿Serían tan amables de hacer públicas sus declaraciones de renta y permitir una investigación de todos sus bienes y cuentas bancarias en el exterior? Quedamos atentos a sus valiosas y oportunas respuestas.

Con Todo Respeto: Si el gobierno Trump es tan serio como se supone que es en la lucha contra el narcotráfico, la cancelación de visas a los funcionarios judiciales colaboradores del Cartel de las Farc no puede dar espera.

#SantosYLasFarcCompranLaCorte

@tamayocollins

Publicado: marzo 13 de 2019