En días pasados, Juan Manuel Santos señaló que la invitación a la resistencia civil que ha extendido el expresidente Álvaro Uribe es similar a la que, según él, en algún momento promovió Carlos Castaño, extinto jefe de las desaparecidas Autodefensas Unidas de Colombia, AUC.

Si alguien debe conocer a profundidad cuáles eran las propuestas de Castaño es, precisamente, Juan Manuel Santos, quien durante el gobierno de Ernesto Samper se reunió con el comandante paramilitar para fraguar un complot cuyo objetivo era el de derrocar al gobierno. En el helicóptero del esmeraldero y narcotraficante Víctor Carranza, Santos se desplazó en un par de oportunidades a la finca “veintiuno” de Carlos Castaño, ubicada en el municipio de Valencia, Córdoba, para afinar los detalles de la conjura. Esta es la historia.

En el libro “Mi Confesión”, Castaño dedica un capítulo entero a la narración de los contactos que los conspiradores contra el gobierno de Ernesto Samper establecieron con él a mediados de 1997. Con lujo de detalles, describió las reuniones que tuvo con Álvaro Leyva, quien lo buscó para proponerle el derrocamiento del presidente de la época.

En palabras de Castaño, “Leyva fue directo y franco, me propuso lo siguiente: comandante Castaño debemos comenzar zanjando odios entre la autodefensa y la guerrilla porque si no nunca cabremos en este país. Pienso que podemos obtener tal fin por medio de una antigua relación que poseo con las Farc en mi condición de académico y que he sostenido por el bien del país. Podemos conformar un equipo donde quepamos las Farc, las autodefensas y un grupo de colombianos con ideas importantes. El objetivo consistiría en reestructurar el Estado y pedirle al presidente (Samper) que se aparte como condición para lograr la paz en Colombia”.

Más adelante en su libro, Castaño revela quiénes son los “colombianos con ideas importantes” a los que se refería Leyva y con los que él estaba fraguando el golpe de Estado: “Al segundo encuentro (Leyva) arribó con el actual ministro Juan Manuel Santos Calderón y su periodista Germán Santamaría, el esmeraldero Víctor Carranza, Hernán Gómez y dos personas más…Juan Manuel Santos Calderón aceptó ser la carta de presentación y dijo: ‘esto permanecerá privado inicialmente, luego se publicará’”.

De acuerdo con lo narrado por Castaño, en esa reunión se acordó que Santos sería el encargado de notificarle a Samper que se debía ir de la presidencia y paralelamente hacer el anuncio de la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente.

El 23 de octubre de 1997, Juan Manuel Santos saltó al ruedo. En una reunión de la “Comisión de Conciliación Nacional” leyó una carta en los siguientes términos:

“Colombia se encuentra en una encrucijada dramática. Los evidentes síntomas de descomposición social, la ineficacia del Estado, la legitimidad disminuida del Primer Mandatario (Samper) y la perplejidad de la comunicad nacional e internacional ante las continuas y nuevas denuncias que afectan de algún modo a su gobierno, han agravado el desconcierto en que se encuentra sumida la nación. Todo esto, por desgracia, ha impedido la formulación por parte del actual gobierno de una aceptable solución política negociada de la guerra fratricida cada vez más cruenta y confusa…”

Más adelante, Santos planteó que “el nuevo gobierno”, una vez posesionado, debía “proceder a ordenar el despeje de un área previamente acordada del territorio nacional en conflicto…Esta área se convertiría en zona de distensión y diálogo a fin de facilitar, con plenas garantías y total seguridad, el encuentro de representantes de Gobierno, el Congreso, de la sociedad civil y de la Comisión de Conciliación Nacional con los insurgentes”.

Santos también le cumplió a Castaño la promesa de que propondría una Constituyente. En su carta, fue explícito: “La convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente se haría bajo el entendido de que, como lo señalara la Corte Suprema de Justicia en histórico pronunciamiento del 25 de mayo de 1991, y citando a Bobbio: la vida política se desarrolla a través de conflictos jamás definitivamente resueltos, cuya resolución se consigue mediante acuerdos momentáneos, treguas y esos tratados de paz más duraderos que son las Constituciones”.

¿Los encuentros de Santos con Castaño fueron legales?

Las reuniones de Santos con el jefe máximo del paramilitarismo tuvieron lugar bajo la vigencia de la ley 418 que regula el orden público. El artículo 8 de esa norma, textualmente dice que “los representantes autorizados expresamente por el Gobierno Nacional, con el fin de promover la reconciliación entre los colombianos, la convivencia pacífica y la paz, podrán: realizar actos tendientes a propiciar acercamientos y adelantar diálogos con los grupos armados organizados al margen de la ley”.

De acuerdo con lo que se lee en ese precepto legal, Santos debía tener autorización expresa del Gobierno, léase del Presidente de la República o del Alto Comisionado para la Paz, para llevar a cabo dichas reuniones con el jefe de las AUC, Carlos Castaño.

Claramente eso no sucedió. Santos no fue a la finca “veintiuno” de Castaño, que era donde se llevaron a cabo las cumbres conspiradoras, autorizado por Ernesto Samper, tal y como se desprende de una carta que el exmandatario le envió a quien buscaba propiciar su caída del poder: “Estimado doctor Santos. Me acabo de enterar por los medios de comunicación del contenido de su carta en la cual, por primera vez, me pone en conocimiento de la iniciativa de paz que han venido adelantando, con usted, un grupo de colombianos, seguramente muy respetable y cuyos nombres hasta hoy desconoce el Gobierno…”.

Es este un buen momento para que el presidente Santos, ya que invocó a Carlos Castaño, le aclare al país exactamente por qué y con autorización de quién, o bajo cuál mandato iba a la finca del comandante de las AUC y de paso que confirme si a lo largo de su carrera política, de Víctor Carranza solamente recibió aventones en su helicóptero o si, por el contrario, el esmeraldero le brindó otro tipo de apoyos.

@IrreverentesCol