¿Un nobel de paz comprando la reelección presidencial? Imposible. ¿Un nobel de paz aceptando dineros oscuros en su campaña? Imposible. ¿Un nobel de paz investigado por aportes de una multinacional que sobornaba funcionarios a cambio de contratos adjudicados? Imposible.

Aunque pareciera impensado a los ojos de cualquier lector internacional que la respuesta a esas preguntas fuera afirmativa, en la macondiana realidad colombiana que hace posible lo imposible estamos viendo como se destapa poco a poco un nuevo mega escándalo de financiación indebida de campañas presidenciales.

En la memoria de los colombianos todavía retumban las grabaciones de los narcocassets y las declaraciones del Ministro Fernando Botero que dejaban más que al descubierto que la campaña de Samper fue financiada por el Cartel de Cali. Sin embargo, por esas cosas inexplicables de la política nacional el personaje que llegó a la primera magistratura gracias a los recursos de la droga y la muerte quedó en la completa impunidad.

Ahora, 20 años después, el País se enfrenta a la misma situación, con la diferencia que en vez de plata de narcos el protagonista es Odebrecht y sus millonarios sobornos. En términos coloquiales, pasamos del “todo fue a mis espaldas” de Samper al “me acabo de enterar” de Santos.

Dos frases siniestras que representan la falta de gallardía para afrontar la responsabilidad de sus actos y que encubren un estructurado entramado para ganar unas elecciones en las que no tenían la más mínima posibilidad.

Porque seamos sinceros. A Juan Manuel Santos no la bastó con fabricar la infame persecución judicial contra Andrés Felipe Arias y Luis Alfredo Ramos para que no le compitieran la Presidencia en el 2014 -sin lugar a dudas barrían con él-.

Él fue más allá y para ganar en una segunda vuelta que la tenía perdida recurrió al infame montaje del hacker contra Oscar Iván Zuluaga y a mover cielo y tierra para obtener recursos de donde sea para comprar cuanto voto fuera necesario para superar la formidable candidatura del Centro Democrático.

El punto de quiebre, como ya se ha declarado en procesos judiciales, fue en Córdoba donde la ñoñomanía -que después sería traicionada por Santos- le puso a la campaña el diferencial de votos necesarios para ganar.

No obstante, a pesar que han querido tapar como sea esos hechos gracias a investigaciones valerosas de varios periodistas el entramado de corrupción más grande de los últimos años se está develando poco a poco.

Santos le tiene que dar la cara al País. Debe responder por sus actos. No solamente por haber sido el directamente beneficiado por esos hechos, sino porque fue Presidente de la República y debería estar dando ejemplo con sus actos en vez de esconderse cobardemente en el exterior sin responder por las graves acusaciones en su contra.

@LuisFerCruz12

Publicado: julio 24 de 2019