El acuerdo en su implementación y a lo largo de los 10 años, constituyen una fantasía por su inaplicabilidad.

El acuerdo entre las Farc y el gobierno de Santos es un documento incompleto y oscuro. Incompleto porque falta su evaluación económica y social. Oscuro porque está redactado para ser entendido por las élites del gobierno, los partidos, la academia y la burocracia internacional. Está plasmado en un lenguaje que no lo entienden los “comandantes” de los frentes y menos la tropa limpia fusiles. Igual ocurre con la gran mayoría de los ciudadanos del común. De ahí se desprende que el gobierno defienda el acuerdo con píldoras de propaganda oficial, imponiendo su mano de hierro al obligar a todos los medios de comunicación privados, transmitir sus traducciones propagandísticas gratuitas, mientras que los opositores al acuerdo a duras penas pueden presentar sus argumentos en las plazas y en los planteles educativos que los inviten.

El acuerdo para “la paz a su manera” está compuesto por una serie de compromisos que a la luz del Senador Iván Duque, del Centro Democrático, se clasifican así: total de compromisos 161, que se desagregan así: compromisos conjuntos Gobierno-Farc 43, compromisos Gobierno-grupos étnicos 1, compromisos de las Farc 3 y compromisos del gobierno 114.

Los negociadores de la parte gubernamental no se detuvieron en evaluar el proyecto de paz en su factibilidad económica, política y social. Se dedicaron a hacer concesiones a diestra y siniestra, como se deduce: compromisos de las  Farc 3, del gobierno 114. No sabemos de su parte cuánto es el costo de cada uno de los compromisos, su aplicabilidad y sustentación en el tiempo. ¿Se puede acaso conocer la tasa de retorno político y social? Porque se sabe de las inversiones pequeñas como los 10 millones a cada guerrillero para proyectos productivos personales y, además, los estipendios mensuales para cada uno durante varios años. ¿Será posible que todavía consideremos redimibles o superadores de la condición de falta de empleo esa ilusión de proyectos productivos con personas que son analfabetas en materias económicas y administrativas? La experiencia, en procesos anteriores, enseña como fracasada esa modalidad de reinserción.

Algo más gravoso aún. El ejemplo de esta negociación será copiado cuando se trate de la otra guerrilla, el Eln, con compromisos similares cuyos costos se suman a los enunciados con las Farc. Es la quiebra del Estado, una estrategia de ambas guerrillas para avanzar en sus metas políticas revolucionarias. No estamos en este septiembre jugando al “amigo secreto”, sino al enemigo secreto, secreto en sus intenciones y planes.

El representante Oscar Darío Pérez, del Centro Democrático, un experto en Hacienda Pública, calcula que el acuerdo costará 90 billones de pesos, lo cual es imposible cumplir con los desembolsos oficiales. El acuerdo en su implementación durante futuros gobiernos y a lo largo de los 10 años según los compromisos, constituyen una fantasía por su inaplicabilidad. La conclusión es que Juan Manuel Santos está engañando a las Farc. Se compromete a realizar una “revolución” pacifista que no podrá cumplir. Un engaño que conjuga con su personalidad y su carácter.

Hacerle martingala a las Farc es una odisea  que vamos a pagar los colombianos. Las Farc se equivocaron de patrón con su pliego de peticiones. Las Farc engañadas por su socio forman un cuadro burlesco, humorístico y a la vez trágico: cuál de los dos más embaucador y torticero. Ellos son grises, muy grises y por eso se entienden como buenos depredadores del Estado.