El peso de mi celular se ha triplicado en las dos últimas semanas. La causa es la sobreinformación que existe sobre el curso de la pandemia por el coronavirus y las noticias instantáneas que llegan. Lo triste es que una gran cantidad de ellas son basura y en vez de orientar lo que hacen es confundir a quien la lee. Este desconcierto genera ansiedad y ésta los fatales pensamientos, catastróficos, que crecen en espiral. Por eso, la primera recomendación para lograr el equilibrio mental necesario en estos días es consultar periódicamente dos fuentes de absoluta credibilidad: Organización Mundial de la Salud y en Colombia, Ministerio Salud. Sensata malicia: no crean todo lo que llega por las redes sociales.

Las medidas de higiene básica, el distanciamiento social, y el confinamiento son las aristas donde se tuerce el comportamiento epidemiológico del COVID 19. Cuanto me gustaría saludar a mis familiares octogenarias y verificar que están saludables. Sin embargo, sé que son grupos de alto riesgo y por eso utilizo otros métodos para saber de ellos. El cariño se demuestra no exponiéndolos y teniéndolos lejos. El lavado de mano es una norma elemental pero no puede convertirse en un comportamiento obsesivo-compulsivo que nos lleve agotar las provisiones de la tienda o farmacia del barrio. Esto demuestra pequeñez y falta de solidaridad pues dejamos sin posibilidades de protección al vecino y su familia. Las pandemias se controlan cuando cambiamos el yo por el nos. Por eso, estar en casa no significa aislamiento sino más bien aumentar las relaciones sociales, pero sin contacto físico.

El tiempo es el activo más importante del ser humano y en estos días debemos aprovecharlo para ponernos al día en lo que hemos procrastinado durante meses. Estar en casa no significa que vamos a desenchufar el cerebro. Por Dios, esto es un gran error. Podemos aprender algo desconocido y estimular las conexiones para la formación de nuevas redes sinápticas. Tengo frente a mí un par de libros que me ayudaran a comprender la “sinuanidad” de la que habla José Luis Garcés y así acercarme más a mis paisanos de Sucre y Córdoba.

A mis estudiantes quirúrgicos les he enseñado con estos términos: “al toro hay que cogerlo por los cachos”. Cuando nos enfrentamos a un tumor cerebral, por grande e invasivo que parezca, lo primero que hay que hacer es eliminar el pedículo arterial que lo alimenta y de ahí en adelante sin nutrición y sangrado, es dócil y manejable. Presidente Duque adelante con sus medidas. Queremos un gobierno monolítico, el orden público centralizado, la información por un solo canal y con este piso la pirámide la solidaridad de los colombianos crecerá. Carácter y empatía es lo que necesitamos.

@Rembertoburgose

Publicado: marzo 20 de 2020