Enhorabuena la mayoría parlamentaria de Venezuela resolvió declarar a Nicolás Maduro como usurpador, con lo que se confirma nuevamente que en el vecino país impera una dictadura corrupta y criminal, respaldada únicamente por los delincuentes que integran el primer anillo del chavismo, entre ellos los narcotraficantes Tarek El-Aisami, Jorge Rodríguez y, por supuesto, el peligroso Diosdado Cabello -este último, testigo del apoyo que Gustavo Petro le pidió al régimen venezolano para su reciente campaña presidencial-.

No se descarta que los gobiernos que se oponen a la satrapía venezolana empiecen a reconocer a Juan Guaidó -presidente de la asamblea nacional venezolana- como presidente interino de ese país, de acuerdo con lo estipulado en la propia constitución que Chávez mandó a hacer en su momento.

El problema de Venezuela no se resuelve con gestos de indignación diplomáticos, ni a través de resoluciones de los organismos multilaterales. Es cierto que procedimiento como estos ayudan, pero no son, ni mucho menos, la solución definitiva de la crisis. 

Urge que los militares venezolanos se concienticen de la gravedad de la situación. Al final del día, ellos son los únicos que pueden resolver el asunto de una vez por todas. Ellos son los que pueden, si quieren, ponerle fin a los derramamientos de sangre, persecuciones políticas y abusos del régimen. Maduro y su pandilla no van a dar libre y espontáneamente un paso al costado. Con el respaldo de la corrupta Tibisay Lucena, seguirán amañando cuantas elecciones se les antoje.

Se equivocan quienes creen que es posible alcanzar una salida institucional, empezando porque en Venezuela hace mucho tiempo dejó de existir la institucionalidad. 

El secuestro de Guaidó, a manos de matones delSebin-la Gestapo de Maduro- es una muestra del talante que ostentará la dictadura en esta nueva fase. El tirano venezolano se siente acorralado y aislado y en vez de comprender que su permanencia en el poder es inviable, ha resuelto doblar la apuesta.

Si el secuestro de Guaidó duró pocos minutos fue porque éste fue oportunamente grabado por un transeúnte quien desde su celular registró el brutal ataque de que fue víctima el presidente de la asamblea y, para muchos, el presidente legítimo de Venezuela. 

En manos de los miembros de las fuerzas militares venezolanas está la llave de la libertad. Ellos que durante 20 años han sido cómplices de la dictadura chavista, tienen el deber moral de enmendar el daño causado, comprender que el honor militar les impide seguir respaldando a un régimen delincuencial, mafioso, asesino e ilegítimo y proceder en consecuencia, sacando de manera inmediata al bandido Nicolás Maduro del Palacio de Miraflores para llevarlo ante un tribunal de justicia independiente que lo juzgue por los múltiples crímenes que ese sujeto ha cometido. 

Los autores de la barbarie venezolana no pueden quedar impunes. Así como los Aliados-Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y la Unión Soviética- establecieron el tribunal de Nuremberg para juzgar a la cúpula Nazi, las democracias occidentales están en el deber de sentar a Maduro y a sus cómplices ante la corte penal internacional para efectos de que respondan por las atrocidades que cometieron desde el mismo instante en que Hugo Chávez se posesionó como presidente, en febrero de 1999. 

@IrreverentesCol

Publicado: enero 15 de 2019