Sin ser conservador la vida me acercó a brillantes dirigentes de ese partido, José Elías del Hierro, mi jefe, Mariano Ospina Pérez que presidía el comité de mi grupo de trabajo en la Caja Agraria, Álvaro Gómez Hurtado, compañero de asiento en la junta directiva del Incora, Mariano Ospina Hernández y su esposa doña Helena que me invitaron a hacer parte del Foro de Atenas y la Linterna Azul, Octavio Arizmendi, Rafael Nieto Loaiza y muchos otros que al mencionarlos llenarían este escrito, y tuve la suerte de que Julio E. González me colara en la Tertulia Conservadora de Antioquia, un foro de décadas que invita semanalmente personajes destacados sin importar su filiación política o ideología.

En la última reunión de esta tertulia donde el invitado fue el Dr. Oscar Iván Zuluaga hubo un planteamiento interesante de uno de los participantes que, refiriéndose a la polarización hoy existente, propuso definir solo dos esquemas que unifiquen las fuerzas políticas: Los Defensores de la Democracia con substracción de partidos e ideologías y Los Comunistas, o si queremos ser más benévolos, los mamertos. Desaparecen así las múltiples denominaciones que distraen o confunden: extrema derecha, centro derecha, derecha y, del otro lado igual: extrema izquierda, centro izquierda o izquierda.

Tengo absolutamente claro que el mamertismo está orientado por el Foro de Sao Paulo y que no da puntada sin dedal, trabaja con persistencia, pero sin afán, lleva años en ello, en nuestro país infiltró la educación, los medios, la justicia y ha logrado lo que quería, la dictadura de los jueces que sin reato lo apoya. La juventud fue convenientemente orientada, y desconocedora de antecedentes, aburridos de corrupción y exclusión, marchan como borregos o idiotas útiles sin detenerse a analizar las consecuencias, no gastan tiempo en mirarse en el espejo del vecino, el de Cuba o el de Nicaragua, sus economías, represión, falta de oportunidades que llevaron estos países a la ruina y la pauperización, etapa indispensable para implantar la defensa del proletariado, donde solo afiliándose a su partido esclavizante se obtiene el carnet para adquirir el derecho a un paquetico clap, o como quieran llamarlo, para no morir de hambre y queda sumido a la voluntad de sus jefes que lo explotarán a su antojo.

En esos países ya implantado el marxismo-leninismo les pasó lo mismo que se cuece acá, sus gobiernos recibieron inicialmente el apoyo de la oligarquía ciega que piensa que acá no pasa nada, los jóvenes votaron copiosamente y, cuando cayeron en cuenta de su error, ya no tenían salida, estaban enganchados para siempre a una dictadura sin fin.   

Las oportunidades ahora son dos, defender la democracia con sus naturales falencias o abrazar el comunismo sin salida. Pensemos con el cerebro, no a través de un trino.     

El Rincón de Dios

“Con fe vemos lo invisible, creemos en lo increíble y recibimos lo imposible” Anónimo

@rafuribe

Publicado: septiembre 18 de 2020