Los miembros de la Bacrim judicial intentan marcar distancia del corrupto Gustavo Moreno. Pero las pruebas son abundantes e incontrovertibles.  

Ahora que empiezan a ser desenmascarados, los compinches del corrupto Luis Gustavo Moreno recurren a la mala estrategia de negar sus vínculos con ese delincuente, a pesar de que abundan las evidencias y testimonios que dan fe de que él era un la ficha clave del entramado de corrupción que lideraban Leonidas Bustos, Francisco Javier Ricaurte y del que también harían parte los muy cuestionados Eduardo Montealegre y Jorge Fernando Perdomo Torres.

Circula un video publicado en la red social YouTube que resulta de singular relevancia, por su contenido y por la fecha en que fue subido a la red.

Se trata de una denuncia hecha por la denominada “Asociación Amigos de la Justicia”, publicada el 1 de abril de 2016, más de un año antes de que estallara el escándalo de lo que hoy se conoce como el “cartel de la toga”.

En dicho video se narra todo lo que el país ya conoce. Cómo, a través de Gustavo Moreno, se tramitaban los sobornos. Con nombres propios, la “Asociación Amigos de la Justicia” ya había hecho aquella denuncia, sin que ésta trascendiera. Muchos dolores de cabeza se habría ahorrado el país si esa advertencia hubiera sido atendida.

 

Leonidas Bustos, como cualquier otro delincuente o indiciado, tiene derecho defenderse. Lo que pasa es que sus primeras explicaciones, en las que abunda el cinismo, no se las cree ni el más ingenuo. Intenta convencer a los investigadores que Gustavo Moreno era algo así como un lagarto que lo perseguía por todas partes, llegando al extremo de pegársele a sus viajes a otros países, como Panamá y los Estados Unidos.

Gustavito, como cariñosamente le decía Bustos en los tiempos en que delinquían conjuntamente, vivía pegado a él, pero porque operaban mancomunadamente. Entre los dos, trazaban la estrategia, tasaban el monto del soborno y procedían, a través de Moreno, a cobrar y lavar los ríos de dinero que recibían.

Lo de ellos era un Bacrim en todo el sentido de la palabra.

Por su parte, el magistrado Gustavo Malo, cuyo margen de defensa es casi nulo, se ha limitado a indicar que Moreno es un “testigo falso”, quejándose también por los señalamientos que le han hecho los medios de comunicación. No sorprendería que además de todo, Malo emprenda acciones judiciales para intentar callar a los periodistas que han puesto en evidencia su proceder corrupto.

Organigrama de la “Bacrim” judicial

Montealegre y Perdomo, al baile

Los exfiscales Eduardo Montealegre y Jorge Fernando Perdomo, ya fueron delatados por Moreno. Al menos, eso es lo que parece haber sucedido, pues Montealegre anunció que denunciará al delator.

¿Cómo accedió el exfiscal general de la nación a la declaración de Moreno? ¿Por qué la fiscalía le entregó información que hace parte de un investigación que el país aún no conoce?

Durante su paso por la fiscalía, Montealegre y Perdomo dieron sobradas muestras de su soberbia, pero sobre todo de su poca transparencia tanto en lo judicial como en lo administrativo

Por esa entidad rodaron ríos de dinero y aún no se sabe, a ciencia cierta, en manos de quién o de quiénes fueron a parar aquellos recursos.

Montealegre y Perdomo, ahora intentan desmarcarse de Luis Gustavo Moreno. Les será muy difícil hacerlo. No solo porque lo tuvieron contratado como asesor, sino porque él tiene suficientes pruebas en su contra.

Es muy posible que en los próximos días se conozca la verdad frente algunos hechos sobre los que el país nunca tuvo claridad. Por ejemplo, el supuesto robo al apartamento de Jorge Fernando Perdomo en el que, según él, desapareció un computador. Seguramente se perdieron otras cosas que el exvicefiscal habilidosamente no quiso denunciar.

Como tampoco quiso denunciar la supuesta presión que sobre él intentó ejercer Luis Gustavo Moreno para que favoreciera al hermano de la cuestionada exsenadora Zulema Jattin Corrales. Resulta inverosímil que Perdomo, que era vicefiscal general de la nación, se hubiera abstenido de judicializar a una persona que intentó entorpecer el curso de una investigación.

Más en una persona arbitraria y abusiva como él. Basta recordar acciones que rayan en lo delictivo, ordenadas por él, como la captura del esposo de la exdirectora del ICBF, Cristina Plazas en retaliación porque ella, días antes había declarado insubsistente a un examante de Perdomo que trabajaba en el Bienestar Familiar.

Al parecer, el exvicefiscal era bastante atrabiliario para ajustar cuentas a través de acciones judiciales, pero bastante timorato a la hora de proceder frente a ilícitos cometidos por sus compinches.

Frente al caso de Montealegre y Perdomo, bien valdría la pena que la fiscalía pusiera sus ojos en Italia.

Es perfectamente natural que todos los involucrados en esta red de corrupción intenten, al decir popular, sacarle el cuerpo a Luis Gustavo Moreno. Pero no será sencillo que la opinión pública y la justicia les crea. Sus vínculos, además de añejos son estrechos e insoslayables. Al final del día, la suerte de todos ellos es la misma y ésta, para bien de nuestra sociedad, ya fue echada.

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 17 de 2017