Del ser humano se puede esperar todo, especialmente cuando se trata de poder y dinero.

Las redes sociales tienen la particularidad de tener dos caras, una, la que permitió cambiar el mundo para bien, democratizando la información, la opinión, la universalidad de las comunicaciones, del conocimiento; las redes sociales unieron el mundo en uno solo.

Pero también, como casi todas las cosas de la humanidad, tiene su cara oscura, “entregarle voz” al anonimato, al insensato, al estúpido, al mentecato, y también, al delincuente, criminal y terrorista probado. Las redes sociales les dieron tribuna inmerecida a cuentas de seres humanos perturbados, gestados y criados en marraneras y lodazales, donde la decencia, respeto y límite no tienen espacio.

Estos sujetos tienen las redes sociales para defecar sus frustraciones y perturbaciones desde el anonimato, la clandestinidad y la cobardía, para acabar con la honra de personas, empresas, políticos, periodistas, religiosos o contra quien escojan como presa para devorarlo como las hienas desde bodegas dedicadas a masificar cuentas falsas para cumplir con fines contractuales.   

Unos son mercenarios a sueldo, los otros, cobardes y pusilánimes que no tienen el carácter, la altura ni el valor civil para opinar desde la claridad que puede dar también una red social. Las multinacionales propietarias de estos mega negocios en los que se convirtieron las redes sociales están en mora de incorporar normas rigurosas, estrictas, donde se exija al creador de una cuenta en redes sociales la información mínima para su operación como correo electrónico, número de teléfono móvil y verificación de identidad; algunas redes sociales tienen la para bloquear a quien no cumpla con estos requerimientos, pero no opera para su administración que es el fin de quienes se esconden tras una red social para escupir sus miserias.

Estas prácticas se agudizan en época electoral en cualquier lugar del mundo demócrata. Ahora lo usual en las campañas políticas es la aparición de vendedores de humo, mercenarios de profesión, que pretenden engañar candidatos vendiéndoles cuentas para aumentar seguidores, like, me gustas… con el único propósito de alimentar vanidades de candidatos y gobernantes que se equivocan con estos métodos innobles e innecesarios.  

Las Redes Sociales deben ser utilizadas para fortalecer la democracia, para democratizar la información, para permitir la confrontación, el debate respetuoso, no para aumentar el odio, la basura mental y la decadencia del ser humano. La Corte Constitucional tan pendiente de la protección de bandidos como Santrich, debería regular en Colombia la operación, administración y publicación de noticias, trinos, videos, imágenes que atenten contra la intimidad, privacidad del ser humano, de la familia, y con mayor rigurosidad la de los niños. 

Por mi parte, aplico el consejo que hace décadas me dio un buen amigo cuando le pregunté por el secreto para vivir en Santander, tierra donde la envidia y calumnia crecen como la maleza, “querido Laureano, aplique la filosofía del importaculismo.”

@LaureanoTirado

Publicado: septiembre 10 de 2019