Siempre se ha dicho que en los tiempos de crisis es donde emergen los verdaderos liderazgos. Bush tras el 9/11, Thatcher en la guerra de las Malvinas, Roosevelt y Churchill en la segunda guerra mundial, etc. Podríamos quedarnos todo el día recorriendo la historia para soportar esa afirmación.

Sin embargo, más allá de recordar nombres y sucesos, lo importante es recalcar que cuando las sociedades se enfrentan a retos que superan su capacidad, la unión en torno a la institucionalidad y a un objetivo común es lo que permite sortear las adversidades.

Eso, precisamente, es lo que debemos hacer en Colombia. No es momento para cálculos electorales.  Pensar que salir a atacar al Gobierno por las decisiones que toma en medio de esta crisis va a generar un rédito político en las elecciones del 2022 es un acto de mezquindad que sobrepone las ambiciones personales por encima del bienestar de todo un País.

Es la hora, por primera vez en muchos años, en que toda la sociedad debe dejar sus diferencias a un lado. El coronavirus no distingue entre afiliación política, clase social o poderío económico. Afecta a toda la población por igual y, por eso, debemos ahondar esfuerzos en torno a una misma causa.

Para hacerlo, es indiscutible que debemos rodear al Presidente. Más allá de si las personas están de acuerdo o no con sus políticas y su estilo de gerenciar al País, es el Gobierno, y no las redes sociales, quien tiene la capacidad técnica, administrativa y fiscal para saber qué decisiones son las más convenientes para contener la crisis causando el menor nivel de afectación posible.

Ahora bien, con esto no estoy diciendo que se deben silenciar las voces que piensan distinto. Ni más faltaba. Pero sí debemos ser claros en algo: generar fracturas al interior de la sociedad lo único que genera es que la proliferación del pánico colectivo se incremente cada vez más.

Ningún país del mundo tenía dentro de sus proyecciones que en la mitad del primer semestre tendría que paralizar parcialmente su producción y someter a sus habitantes a una potencial cuarentena. Por supuesto, Colombia no fue la excepción. Seguramente en un par de semanas nos tendremos que adentrar a esa situación.

Lo importante, es que le demos un voto de confianza al primer mandatario, no por ser miembro del Centro Democrático o por haber sacado 10 millones de votos, sino porque en estos momentos en él recae la responsabilidad de la institución presidencial.

Es él quien debe sortear los desafíos que implica esta crisis y es él quien asumirá la responsabilidad de las decisiones que tome. Su liderazgo ha sido cauteloso pero firme para adoptar las medidas más convenientes.

Ya se decretó la emergencia económica, herramienta que le da un importante margen de acción para garantizar la sostenibilidad presupuestal del sistema de salud y generar respaldos financieros para que el sector privado no se vea obligado a recortar nóminas. Las medidas continuarán a medida que el virus se expanda. Lo importante, es que nos pongamos del lado de la institucionalidad y no de la mezquindad.

¡Rodeemos al Presidente!

@Tatacabello

Publicado: marzo 20 de 2020