Las dificultades internas no son pocas. La herencia del gobierno de Santos es en la práctica un pasivo al que tiene que hacerle frente esta nueva administración que en tan solo 4 años deberá reconstruir a buena parte del país.

Uno de los grandes desafíos consiste en reducir, al precio que sea, el número de hectáreas cultivadas con coca. Ninguna democracia puede consolidarse con la amenaza del narcotráfico fortalecida. Durante los 8 años de Santos, nuestro territorio se llenó de plantas de coca gracias a las cuales, los grupos armados ilegales crecieron exponencialmente. Estamos llenos de coca y de bandas criminales.

En materia económica, Colombia está al borde de la quiebra. El exacerbado gasto público para satisfacer las demandas de mermelada, afectó de manera grave a las finanzas públicas.

Es claro que ministro de Hacienda no ha cometido ningún delito, pero el debate de los bonos de agua lo debilitan políticamente en un momento crítico, pues la reforma tributaria es una necesidad que el gobierno tendrá que sacar adelante, a pesar de sus estrechas mayorías en el Congreso. A pesar de los cuestionamientos que puedan caberle a Carrasquilla, hay que evitar al máximo que prospere la moción de censura que adelantará la extrema izquierda en su contra.

A lo anterior, se suman las inaceptables amenazas de la dictadura venezolana que en las últimas horas ha ordenado movilizar sus tropas hacia la frontera con nuestro país. Como bien lo expresó el presidente Álvaro Uribe, los soldados de Venezuela deben apuntar sus armas contra la satrapía que está incrustada en el palacio de Miraflores y no contra nuestro pueblo.

Los colombianos y venezolanos somos hermanos. Es descabellado pensar siquiera en una confrontación militar entre nosotros. La fuerza hay que reservarla para expulsar al mafioso dictador Maduro y su banda delincuencial.

En algunos círculos uribistas son cada vez más fuertes las voces críticas al gobierno de Duque, lo cual es infinitamente injusto, pues el presidente ha pretendido establecer un gobierno serio, con una agenda integral y con una clara visión de futuro. A Duque hay que rodearlo, respaldarlo, acompañarlo.

Aquello no significa entregarle un cheque en blanco, ni abstenerse de hacer sugerencias frente a las decisiones que puedan ser perfectibles, pero sí entender que él no es el presidente para gobernar a los militantes de un partido, sino el presidente de toda Colombia.

Iván Duque no es un improvisado. Durante largos años se preparó para ser presidente y aquello se verá en el mediano plazo cuando sus políticas empiecen a dar frutos. Su Gabinete es de lujo. Allí hay expertos en las distintas áreas de la política pública que se han empeñado en trazar líneas de mediano y largo plazo, sin caer en el error de gobernar para satisfacer las necesidades del momento.

El Centro Democrático tiene sobrados motivos para estar satisfecho con el gobierno. Los principios doctrinarios del CD están perfectamente reflejados en el plan de gobierno de Duque y se verá plasmado a lo largo de la ley del plan de desarrollo que será presentada en las próximas semanas.

Mucho esfuerzo y trabajo le costó al Centro Democrático ganar las elecciones presidenciales como para que una facción de sus militantes –amargados por motivos burocráticos- se encarguen de sembrar mal ambiente en la opinión pública.

Hay que acompañar decididamente a Duque. Es el presidente de Colombia que fue elegido con el programa del Centro Democrático y con él que hará un gobierno trascendental. De eso no cabe la menor duda.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 26 de 2018