El mayor problema del país es la corrupción. Tiene todos los apelativos de enfermedad de alto costo y ruinosa: cáncer, insuficiencia renal y sida. La apellidan con los alias más grandilocuentes: precipicio, desangre, abismo. No obstante, ha permeado tanto los poros de los colombianos que ejerce un poder hipnótico pues ya los escándalos recientes  no nos desvelan. La última encuesta, como todas  las que la precedieron, lo denomina el problema prioritario. Nos acostumbramos a la corrupción.

Cuando se analizan sus causas, hay  una desde la  óptica de las  neurociencias que señala la falta de perspectiva  de los involucrados: la  miopía del futuro. Son aquellos funcionarios –jóvenes, que tristeza- que lo sacrifican todo por la recompensa inmediata. Diluyen todos los valores y principios con el  propósito de conseguir en el menor plazo los beneficios del ilícito. No tienen el juicio crítico para medir las consecuencias de sus actos.

La capacidad ejecutiva y el poder de decisión del individuo se localizan en el área pre-frontal del lóbulo frontal. En su estructura y formación interviene los factores genéticos y las influencias ambientales de la educación que recibimos en la vida: familia, colegio, universidad. La registraduría del individuo como persona la otorga el lóbulo frontal: da nuestra identidad. Así formamos nuestro cerebro ético. La naturaleza nos ha dado también, una estructura que lanza las señales de alarma para avisarle al  individuo el peligro del ilícito. Esta estructura asombrosa es la amígdala de lóbulo temporal: el gran semáforo.

En el momento de decidir, tiene mayor peso en el corrupto el resplandor de lo inmediato que la luz de lo tardío. Las lentejuelas lo seducen, decide apagar los signos de alarma que desde el centro del cerebro lanza la amígdala. Así se pierde el norte; la brújula moral cambia de dirección y en espiral comienza a embriagarse: si, lo emborracha el “momentico de fortuna”. Reemplazamos el comportamiento  ético; nos dirige el cerebro de la codicia.

La avidez por el dinero y la ambición por la riqueza. No importa cómo, ajeno a violar todas las normas y saltarse los códigos. Lo importante es la oportunidad y aprovechar el cargo para enriquecerse. Llenar los bolsillos; sin tener en cuenta, que estoy robándome los bienes públicos de todos los ciudadanos. Le resbala el daño; indolente, la satisfacción individual está por encima de los intereses de la comunidad. Prima lo inmediato, las repercusiones tardías no las considera.

El Síndrome del Rey Midas, su codicia lo llevo a pedir que todo lo que tocara se convirtiera en oro. No dimensionó  que este poder le llevaría a convertir a su hija en una estatua de oro; los alimentos y el vino también fueron transformados y cuando estaba muerto de hambre suplicó a los Dioses que le arrebataran ese poder. Fue obligado a bañarse en el Rio Pactolo que le limpio de ese don. Ojala todos los ríos en Colombia se llamaran Pactolo; obligaría a los funcionarios que antes de posesionarse en sus cargos se bañaran en sus aguas para operarles  la miopía del futuro.

Diptongo: Senador Petro : una chapuzada en el Rio Pactolo.

@Rembertoburgose

Publicado: noviembre 30 de 2018