Con Martha Lucía Ramírez la Cancillería resurgió del olvido en el que estuvo inmersa un año para recuperar el espacio que es suyo por naturaleza. Ahora más que nunca la Nación necesitaba que la experiencia asumiera las riendas de una cartera que tiene en sus manos buena parte del futuro de 50 millones de colombianos.

En especial, porque la Cancillería no es un Ministerio más. Es la entidad encargada de diseñar y ejecutar la política exterior del País y todo lo que ello representa e impacta en Colombia, un aspecto vital que determina desde la atención de nuestros connacionales en el exterior, la destinación de recursos de cooperación internacional y hasta la credibilidad y reputación de Colombia ante el mundo.

Claramente este cargo durante la actual administración ha tenido altibajos. Con Carlos Holmes Colombia adquirió un notable liderazgo a nivel regional, posicionándose como el líder en el Grupo de Lima y gestionando ante los gobiernos europeos, Estados Unidos y Canadá, partidas presupuestales completamente necesarias para mitigar el impacto migratorio que asume Colombia. Lo propio hizo también ante las Naciones Unidas, escenario en el cual mostró al mundo no sólo el descaro y actuar de un régimen dictatorial, sino el impacto subvalorado de una migración masiva aún más recrudecida que la de Siria.

Sin embargo, con la llegada de Claudia Blum el panorama cambió. El País pasó a ser un número más en una lista. Si bien con la pandemia los funcionarios en planta interna y en las misiones de Colombia en el exterior trabajaron día y noche por asistir a miles de colombianos con programas, ayudas económicas, cientos de vuelos de repatriación, el Ministerio quedó reducido a limitados comunicados en internet. En cuanto a los socios estratégicos de la Nación, no se borra la sensación de una reducción considerable, basta ver que, con la administración Biden no se realizaron mayores acercamientos y mucho menos con la Unión Europea.

Prácticamente, durante más de un año la Cancillería desapareció del radar y hoy vemos las consecuencias. Los organizadores del paro desplegaron una ofensiva internacional muy bien estructurada que cogió al Gobierno desprevenido. En el exterior se mostró al Estado colombiano como una dictadura que no respeta la protesta social y ataca a los manifestantes pacíficos, al mejor estilo venezolano. Nada más alejado de la realidad…

Por eso, a hora buena el Presidente decidió asignarle a la Vicepresidente las funciones del Ministerio de Relaciones Exteriores. En menos de una semana Martha Lucía se reunió con más de 40 funcionarios y organizaciones clave en el Gobierno de Estados Unidos, su encuentro con el Secretario Blinken fue el broche de oro y en pocos días ha dado más resultados que Blum en un año. Pero, es que el escenario natural de un Canciller es ese, no se puede manejar la política exterior sin salir del Palacio de San Carlos. Después del Presidente, el Canciller es quien pone la cara por el país en las relaciones bilaterales y los escenarios internacionales, lo cual es inherente al cargo. Una posición de esa naturaleza requiere de una persona con experiencia que conozca los pormenores del Estado.

Más aún, cuando está de por medio la relación con nuestro principal socio político, económico y militar. En Estados Unidos residen el 34.6% de los colombianos en el exterior, anualmente Washington le entrega a Bogotá más de US$450 millones por concepto de cooperación internacional, el País del norte es el primer destino de las exportaciones nacionales, de allí proviene el 18.2% de la inversión extranjera directa que llega a Colombia y el 22% de los turistas que visitan nuestro País. Cifras que la Nación no se puede dar el lujo de poner en riesgo.

Y digo esto porque para nadie es un secreto que los contactos entre el Palacio de Nariño y la Casa Blanca han sido bastante fríos los últimos meses. La cercanía de algunos congresistas con la administración Trump dificultaron la relación con la administración Biden y lo que históricamente había sido una aproximación bipartidista fue inclinándose poco a poco hacía la orilla republicana.

Por todo ello es que las gestiones que comenzó a realizar Ramírez son tan importantes. Colombia debe recuperar la plena confianza del partido demócrata para sostener el apoyo unánime que ha tenido durante los últimos 20 años y, al mismo tiempo, mostrarle tanto al Capitolio como a las entidades internacionales, que en el País se respeta la protesta pacífica, pero se ejerce la legitima autoridad del Estado para levantar bloqueos ilegales y contrarrestar los estructurados brotes de violencia que han causado la pérdida de $10.8 billones en un mes.

Buen viento y buena mar en su gestión.

@Tatacabello

Publicado: junio 4 de 2021